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San Pedro
Capítulo 2

by Catafracta

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San Pedro 2

Como es costumbre, los exhorto a que comenten, me gusta recibir ideas y sugerencias.

Mis sueños fueron igual de confusos, en ellos me encontraba en aquella oficina y era yo quien se encontraba desnudo y en posición mientras Alejandro me golpeaba brutalmente. Era doloroso, placentero y emocionante a la vez.

Al despertar encontré manchas en mi pijama, no solo había tenido un sueño húmedo, además alguien me había desnudado y puesto la pijama. Espero que haya sido Alejandro, solo pensar en que Ana María pudo haber estado en la habitación en el proceso era muy vergonzoso.

Poco tiempo después Alejandro entro por la puerta y sin darse cuenta de que estaba despierto me dio una suave palmada en las nalgas.

“etas despierto?”

“desde hace rato” le respondí sobándome el lugar donde me había golpeado.

“bien, el desayuno esta listo, cámbiate y baja por favor”

Sin más dio la vuelta y se fue. Era tan difícil vincular al Alejandro que me despertaba con una suave palmada a aquel que azotaba brutalmente al niño en la dirección.

Al bajar a la cocina ambos estaban sentados a la mesa, los dos voltearon la mirada cuando entre y con razón... sobre la mesa había una hoja de papel. Sin querer note que estaba dirigida a mí.

La hoja era una carta de mis padres.

“Esto es para mi?”

“si, queremos que la leas, puedes hacerlo en tu habitación si prefieres”

Esto no pintaba bien, se sentía la intranquilidad en el habiente. De pronto sentí un escalofrió subiendo desde mi trasero hasta mi cabeza.

Tome la carta y camine rápidamente hasta mi habitación.

“de ninguna manera” grite histéricamente.

La carta era muy sencilla, mis padres no podían lidiar conmigo, se habían dado por vencidos además que Alejandro y Ana María habían sugerido que pasara una temporada con ellos, estudiando claro en el colegio de San Pedro.

Mis padres parecían estar cediendo mi custodia a mi hermana, a ella y su esposo.

Además estaba el asunto de estudiar en el colegio. Por el momento dejando de lado la paliza que había visto en la dirección, era más importante el pasar más de unos días en este lugar. Por un tiempo es tolerable, pero poco más es una tortura.

Baje de las escaleras bufando molesto hasta llegar a la cocina.

“están locos si creen que me voy a quedar aquí, quiero irme ahora”

Les grite, histérico.

“Toni por favor, tranquilízate”

“no me voy a tranquilizar, quiero irme... no me pueden abandonar aquí es horrible, no hay nada, es muy aburrido, ni siquiera tienen luz. Quiero irme ahora” mis gritos pronto rompieron la paz en la casa y Alejandro no pudo soportarlo mas.

Alejandro se levanto y me tomo del brazo y de un tirón me hizo quedar de lado, una sola palmada me planto en las nalgas y fue suficiente para regresar a la realidad.

“esa no es manera de hablar en esta casa, ahora quiero que te disculpes con tu hermana y tomes asiento para que podamos hablar como gente decente”

Pero tenía que hacer las cosas más difíciles para mí, amaba a mi hermana y a Alejandro, pero vivir en San Pedro era una pesadilla para cualquiera.

“no, tu no eres mi padre y ella solo es mi hermana, quiero salir de aquí y lo hare aunque me muelas a palos”

De alguna manera Alejandro se tranquilizo lo suficiente para actuar congruente a la situación.

Sin decir mas me tomo de la parte trasera de mi cuello y me llevo hasta mi habitación, ahí me hizo que me arrodillara frente a la pared y puso mis manos detrás de mi cabeza.

“no te atrevas a moverte de donde estas” me ordeno “quiero que te quedes aquí, hasta que te tranquilices, luego que haya pasado puedes bajar a la cocina y disculparte por tus groserías, con tu hermana y conmigo. Vamos a hablar de esto con tranquilidad así lo quieras o no, luego tu y yo vamos a hablar de tus arrebatos”

Me quede donde estaba por miedo mas que nada. Me sentía en problemas, sabia lo que podía pasar si me movía, aun sentía la nalgada que me había dado en la cocina, por lo mismo me quede ahí hasta estar completamente tranquilo. Obviamente el quedarme en San Pedro no era una opción, pero ahora podía discutirlo y exponer mis argumentos.

Unos veinte minutos después baje las escaleras y tranquilamente entre a la cocina.

“discúlpame por gritar y por ser grosero, pero la verdad no me quiero estar aquí” le dije a Ana María. Ella me respondió con un sincero abrazo. Sabiendo perfectamente la larga noche que me esperaba.

“bien, ahora podemos hablar con tranquilidad de todo esto”

Al tomar asiento Alejandro se acercó a mí, como si no encontrara la manera de decir lo que tenia en mente.

“primero debes de saber que tanto como tus padres y nosotros te queremos mucho, mas de lo que te imaginas, por eso queremos lo mejor para ti y lo mejor en tu situación es quedarte en San Pedro, donde puedas tener limites y el apoyo suficiente para proseguir con tus estudios”

“pero no quiero vivir aquí”

“eso no esta a votación, tus padres tomaron la decisión y ahora estas bajo nuestra responsabilidad”

“por favor Ana María...” rogué al cariño que mi hermana sentía por mi.

“Toni, vivir en San Pedro no es tan malo, a todo se acostumbra uno, con el tiempo te acostumbraras y podrás disfrutar lo que San Pedro tiene para ofrecer” me dijo con su voz suave.

Entendí de antemano que la discusión no tendría final feliz. Solo estaba perdiendo el tiempo, había que cambiar de estrategia y buscar la manera de regresar a mi casa. Pero que pasaría si mis padres ya no me querían con ellos?... me sentía entre la espada y la pared.

“necesito tomar aire” anuncie en un arrebato de madurez.

Salí de la casa y comencé a caminar entre la casa y el colegio, con la idea de escapar de la vista de la ventana de la cocina.

Sentía ganas de llorar por supuesto, pensaba en todo lo que estaba perdiendo, todo lo que había dejado en casa, mis juguetes, computadora, mi cama. Todo lo que hace mi vida más cómoda como la bañera, el refrigerador el horno de microondas.

Luego mi mente recorrió a toda la gente que significaba algo para mí y que extrañaría, mis amigos y compañeros... y mis padres, como es que me habían hecho esto, que diferencia hay entre dejarme en San Pedro y abandonarme en algún paraje.

Ahora con lágrimas en los ojos camine hasta llegar al estanque que contenía el agua que usaba el colegio. El estanque tenía una forma circular, alguien había tratado de empedrar las paredes para evitar la filtración, pero era un trabajo muy rudimentario. Aun podía sentarme a la horilla del estanque para poder ver mi reflejo en el agua.

“que te pasa, por que estas llorando”

Lo que me faltaba, alguien que me viera llorar. Quería gritarle que se largara pero todo cambio cuando vi quien era. El chico que me había sonreído en los dormitorios, de alguna manera no podía hacerle una grosería, no después del gesto tan amable que había tenido el día anterior.

“no es nada” respondí molesto, girando la cabeza para que no pudiera verme el rostro lleno de lagrimas.

“haa, pensé que estabas llorando” dijo al sentarse a un par de metros de mi.

Estuvimos en silencio por varios minutos, el chico parecía estar muy entretenido moviendo el agua con una vara, mientras yo trataba de dejar de llorar y de limpiarme el rostro.

“te llamas Toni verdad?” me pregunto amigable.

“si”

“yo soy Fermín” no le conteste...

Fermín era un chico de trece años, apenas unos meses mas chico que yo, su familia era residente en San Pedro y no eran pobres, únicamente el disfrutaba mucho el estar en el colegio y aprender de los maestros y las clases extracurriculares que les dan en vacaciones.

“no entiendo como quieres estar aquí”

“es divertido, al terminar las clases podemos jugar, explorar, el director a veces nos lleva a la montaña o nos deja nadar en el estanque”

“y los golpea, lo vi ayer”

“si, pero solo cuando nos portamos mal, si no quieres una paliza basta con hacer lo que se te dice”

Estaba seguro de que me esperaba una paliza en casa, Alejandro lo había dejado claro con discutir mis arrebatos. Ya me había dado varias nalgadas, una muy fuerte, era obvio que le importaba poco que fuera su cuñado.

Me sorprendió mucho la admiración que Fermín sentía por Alejandro, lo respetaba y lo quería, era parte importante de su vida y de los niños del colegio, aun manteniendo la disciplina lo querían, no podía entender porque.

Yo no podría quererlo más si me golpeara de la misma manera. Quizá mañana podría entender que es lo que Fermín siente por Alejandro.

“tengo que regresar es hora de almorzar” Fermín se levanto y salió corriendo en dirección del colegio.

Yo pensé en quedarme un tiempo más frente al estanque, pero me sentía hambriento y faltando a una comida no ayudaría más a mi situación.

Al llegar a la casa la mesa estaba puesta. Ambos Alejandro y Ana María me recibieron con calidez, aun supongo algo molestos por haber salido sin desayunar. El almuerzo estuvo delicioso como todo lo que he comido en San Pedro, aun quería irme, aun y con la deliciosa comida.

“esta tarde tenemos que ir al pueblo a comprarte un uniforme” me dijo Alejandro.

Yo no le conteste, quería decirle que no me quedaría en su colegio, pero no quería hacerlo enojar.

Después de la comida Alejandro me llevo al pueblo.
El pueblo de San Pedro era muy pequeño, apenas unas cuantas tiendas que cubrían las necesidades diarias de la población.

Todo era muy diferente por aquí, al llevarme a comprar los uniformes, esperaba entrar a una tienda con prendas de diferentes tamaños, por el contrario entramos a una casa particular, donde una mujer de edad nos recibió.

“buenas tardes maestro”

“buenas tardes Margarita”

“necesita otro uniforme, Maestro?”

“si margarina para este chico, es mi sobrino”

Alejandro me presento a la señora, con una sola mirada entendí que era mejor dejar mi furia de lado, salude a la señora de mano, mientras ella me pellizcaba la mejilla.

Luego de esto ella saco una cinta métrica y sin más comenzó a tomar mis medidas, poniendo su cinta alrededor de mi cintura, alrededor de mi cadera a la altura de las nalgas, la espalda, hombros, hasta la entrepierna.

Siempre intercambiando detalles de la vida diaria del colegio con Alejandro.

Al terminar con la costurera fuimos con el peluquero de la comunidad. De igual manera era una casa particular con una pequeña puerta que daba a la calle. Dentro un hombre igualmente viejo nos atendió.

Después de intercambiar saludos y novedades con Alejandro me recibió y me hizo sentar en una silla de madera frente a un espejo muy pequeño. Aunque no había necesidad del espejo el corte estaba decidido y no había necesidad de cuidar que fuera estético y a la moda.

El hombre pretendió meter una vieja maquina entre mi cabello.

“espere, que no puedo escoger mi corte?”

“no, Toni no puedes, no podemos venir cada quince días a cortarte el cabello, vas a tener el mismo corte que el resto de los chicos y recibirás el mismo corte en tres meses cuando tu cabello haya crecido”

Pretendía pelar por mi cabello, me había costado mucho trabajo convencer a mamá de dejármelo largo. Pero tuve que cambiar de actitud rápidamente, cuando Alejandro puso su mano sobre mi muslo con suficiente fuerza como para entender la advertencia.

Decidí dejarlos hacer su voluntad.

Un par de horas pasamos recolectando materiales y provisiones en el pueblo, luego regresamos a la casa con la camioneta llena.

“Toni ve a acarrear cuatro cubetas de agua al pozo y llévalas a la cocina”

Y lo hice, ya me estaba cansando de seguir las ordenes de Alejandro, una paliza me aterrorizaba pero no podía seguir cediendo con cada cosa.

Después de acarrear el agua Alejandro tomo un par de toallas y una bolsa con ropa.

“a tomar un baño, anda” fue lo único que me dijo, ambos emprendimos el camino al colegio.

En las regaderas me puse lo más alejado de Alejandro, en todo momento dándole la espalda. Al terminar nos secamos y vestimos, pero había algo diferente.

“ven tengo que recoger algo a la dirección”

Ambos caminamos a la dirección, pero ahora el terror invadía mi cuerpo, creí que era el momento para conocer al verdadero Alejandro.

El entro a la oficina... yo me tome mi tiempo. Tenia la opción de huir, pero a donde? aunque pudiera llegar al pueblo quien me ayudaría volver a casa, que pasaría si Alejandro me alcanzaba, no tenia mas opción que ceder una vez mas.

Pero no hubo la necesidad, Alejandro no esperaba darme una paliza en la dirección aunque tendría una paliza eso era seguro.

“toma esto” me dijo soltando en mis manos una pieza de cuero similar a la que había usado en el chico del colegio el día anterior. “este cinturón es tuyo solamente, para que lo tengas en tu habitación” vaya que obsequio. Sentía tanto odio por lo que tenía en las manos y lo que significaba para mí.

Aun más, sentía mucha vergüenza en salir caminando de la oficina con el cinturón en las manos, de manera que lo doble a la mitad y trate de ocultarlo entre mi brazo y mi cuerpo.

Al llegar a la casa la cena estaba hecha, pero Ana María estaba tomando un baño en una improvisada regadera en una habitación a un costado de la casa.

Estábamos solos.

“hijo ve a tu habitación y cuelga eso detrás de la puerta” me dijo Alejandro ofreciéndome el cinturón.

Era el momento.

“me vas a pegar con el?”

“crees que te lo mereces?”

“no”

Alejandro parecía más decepcionado que molesto.

“es por eso que lo necesitas, aun a tus catorce años, no puedes diferenciar entre el bien y el mal. Por eso es que estas en San Pedro y por eso es que necesitas estar en el colegio”

“pero no quiero que me pegues, me va a doler”

“esa es la idea, el dolor tiene muchas funciones sabes!. No puedes vivir sin sentir dolor, los leprosos sufren de lesiones he infecciones, precisamente por que son incapaces de sentir el dolor, el cuerpo necesita sentir dolor para alertarnos cuando algo nos lastima, de la misma manera te va a ayudar a diferenciar el bien del mal y así convertirte en un hombre de bien, educado y respetuoso”

Por un momento casi le creí, parecía convencido de lo que decía y lo acompaño con un gesto de cariño, poniendo una mano detrás de mi cabeza y presionado contra su pecho. Era quizá su manera de decirme que me quería, aunque tuviera que darme una paliza para demostrarlo.

Detrás de la puerta de mi habitación había un gancho ideado para sostener el cinturón, que descansaba como una advertencia en todo momento.

Me quede un buen rato en mi habitación hasta que Ana María entro, una vez más, sin tocar a la puerta.

“estas bien?” me dijo sentándose a un lado de mi y apretándome contra su cuerpo con un brazo.

“vas a dejar que me pegue?” le pregunte tristemente.

Ella inmediatamente reacciono a la pregunta, era un tema difícil, aun tratándolo con alguien que habías conocido toda tu vida.

“es difícil, papá y mamá nunca te castigaron, quizá sea por eso que eres como eres, Alejandro cree que esto es lo mejor para ti y ha funcionado bien con los chicos del colegio, son felices con reglas y consecuencias y te aseguró que tu lo serás también, ahora tienes que ser valiente y aceptar lo que él crea que necesites”

Ella me dio un fuerte abrazo, un abrazo honesto, cálido y con cariño. Quizá ella estaba convencida del bien que hacia dejando que Alejandro me castigara.

“ven es hora de cenar”

Me dijo Ana María sobándome la cabeza, que solía estar llena de largo cabello y que ahora parecía el corte de un soldado.

Baje las escaleras, Alejandro estaba en la mesa revisando algunos libros y calificaciones. Cuando entre a la habitación se levanto y camino hasta mi, me dio un beso en la cabeza y siguió su camino.

“siéntate, ahora te sirvo”

Alejandro regreso poco después y quito todos sus papeles de la mesa. Aun con un mal momento frente a nosotros, tuvimos una buena cena. Después no pude quedarme a jugar, tenia que pensar y aun estaba muy asustado.

Subí a mi habitación y me quede ahí hasta la noche. Rogando por que Alejandro abandonara sus intenciones.

Finalmente escuche pisadas en las escaleras, para después escuchar dos toques en la puerta. Él no se quedo a esperar a que le diera permiso de entrar, solo anuncio su llegada.

“estas bien?”

“supongo” le dije un poco mas tranquilo. Ye había tenido tiempo de acostumbrarme a la idea de que esta noche dormiría con las nalgas lastimadas y adoloridas.

Alejandro volteo y miro el cinturón colgado detrás de la pared. Mi corazón se detuvo en ese momento y siguió su ritmo cuando regreso la mirada, dejando el cinturón colgado en su lugar.

Camino hasta la cama y tomo asiento a un lado de mi. Luego me rodeo con su brazo.