New MMSA spank logo

1800 parte 1

by Catafracta

Copyright on this story text belongs at all times to the original author only, whether stated explicitly in the text or not. The original date of posting to the MMSA was: 03 Sep 2015


1800A vida era fácil para Santiago, su padre Don Santiago Jiménez era dueño de una plantación que había sido muy productiva en años anteriores, tenía trabajadores jóvenes y niños esclavizados por contratos de vida, contratos de varios años que en otras palabras los reducía a esclavos por un número determinado de años.

Don Santiago solo tenía jóvenes, cuando los hombres alcanzaban los 20 años eran traspasados a las minas, donde 1 de cada 4 sobrevivía para terminar su deuda de vida y cobrar su contrato, era un negocio realmente brutal, las jornadas de trabajo se extendían por 10 horas de trabajo, que comenzaban a las 5 de la mañana, de las dos en adelante tenía una hora para descansar y regresan al trabajo cuatro horas más, para terminar su jornada al mismo tiempo en que caía la noche.

Dentro de la casa, la situación era muy cómoda Don Santiago se dedicaba a disfrutar de su dinero y de la buena vida, bailes, reuniones, el licor y la compañía.

Don Santiago prefería la compañía de hombres jóvenes, hacía mucho tiempo que Alejandro un esclavo de tocador servía a todas sus necesidades, el chico de 15 años se mantenía desnudo dentro de la casa, como la mayoría de los esclavos de las plantaciones.

Santi por otra parte se ocupaba de su educación y de algunos amigos cercanos. El pequeño de 13 años también disfrutaba de la compañía de Alejandro, pero no dela misma manera que su padre. En algunas ocasiones tuvo a Alejandro de rodillas sirviendo su pequeño cuerpo, pero eso era solo para satisfacer a su padre, por lo demás los niños se dedicaban a jugar, correr y cabalgar por los alrededores.

Él pequeño Don sentía mucho aprecio por el esclavo de su padre y jamás se habría atrevido a maltratarlo, a diferencia de su padre, que en ocasiones lo castigaba simplemente porque le parecía placentero.

Alejandro llevaba las marcas de su esclavitud, aros metálicos que rodeaban su cuello, tobillos y muñecas. El joven había sido esclavo desde que podía recordar, sabia su lugar y de alguna manera había encontrado la manera de amar tanto a Santiago como a su padre.

Santi estaba cercano a cumplir los 14 años, un poco pequeño para su edad, un cuerpo delgado, un estómago firme, piernas y glúteos voluminosos, cara de ángel, dotado de los más hermosos ojos azules de todo el condado.

Era un gran premio para el honor de su padre. Como único heredero y no sería difícil encontrar una buena esposa.

Sin embargo.

Los problemas en las plantaciones comenzaron a gestarse en un año particularmente seco.

La región pasaba por una ola de calor, no había suficiente agua y los cultivos más delicados comenzaron a declinar, Don Santiago estaba tan confiado de la estabilidad del clima que había invertido todo en cultivos muy suaves y tras la ola de calor nada le sobrevivió.

Don Santiago estaba furioso, llovieron látigos y palos a los esclavos dentro y fuera de la casa, varios capataces perdieron sus empleos y mientras las bodegas permanecían vacías.

El hombre estaba desesperado, con un estilo de vida tan costoso quedaba poco o nada de dinero para invertir en el siguiente año. Ninguno de sus grandes amigos, mismos que habían sido tratados como reyes en fiestas y bailes se acercó a ofrecer ayuda en cambio a aprovecharse de la situación.

Don Antonio del Castillo llego con una oferta, donde la plantación de Don Santiago perdería la mitad de su territorio, pasando a ser la suya la más basta del condado.

El orgullo de Don Santiago no permitiría este trato, pero Don Antonio tenía una contra oferta.

su padre le llama señor– la pequeña y delicada figura de Alejandro apareció en la puerta de las suntuosas habitaciones de Santiago.

El pequeño bestia un guardarropa completo, pantalones, interiores, camisa, camisola y chaleco. Sus pies cubiertos por una suave tela y por unos zapatitos blancos de piel bordada.

Santi se apresuró a atender a su padre y lo encontró en su oficina. Y lo que vio le arrebato el aliento. Frente a él no estaba el hombre que podía asemejarse a un pavo real por su esplendor, por el contrario era un hombre derrotado y cansado.

Don Santiago– ofreció Don Antonio.
Don Antonio– ofreció el pequeño Santi.

El niño jamás había estado presente mientras se discutían negocios, solo había pisado la oficina de su padre, para recibir correctivos y para desearle las buenas noches a su padre.

Se sentía muy incómodo.

siéntate– le ordeno su padre.
será mejor que se quede de pie– dijo Don Antonio.

Don Antonio se acercó al muchacho y lo tomo del brazo, llevándolo al frente del escritorio de su padre, sobre él un solo papel, firmado y sello por su padre.

No le puso mucha atención, no era su lugar husmear en los asuntos de su padre, aun así no pudo sacarle una extraña sensación del cuerpo.

Sin darle la cara Don Santiago ofreció el papel a Don Antonio, mismo que ofreció al niño para que lo conociera.

Santi quedo petrificado, pues el papel, un contrato, tenía su nombre.

papá ¿qué es esto?—
tu padre te ha vendido para conservar sus tierras, a su propio hijo... —

papá no puedes

Don Antonio le arrebato el papel de las manos al pequeño y lo metió en su elegante maletín de cuero.
despídete de tu padre
papá por favor– Santi le rogo a su padre, pero el hombre ni siquiera pudo juntar el coraje de ver a su hijo por última vez como un niño libre.

Santiago, ¿sabes lo que visten los esclavos mi niño?– Don Antonio repetido su pregunta jalando con fuerza el brazo del niño para llamar su atención.

¿sabes que visten los esclavos?—
nada señor, van desnudos

entonces que haces vestido, desnúdate de inmediato

Con lágrimas en los ojos y siendo maltratado Santi comenzó a deshacer los cientos de nudos que sujetaban su atuendo.

Uno a uno los nudos fuero descubriendo la magnificencia, la real belleza que ocultaban, hasta los interiores, donde paro por un momento. Todo parecía una pesadilla y era momento de despertar.

La pesada mano de Don Antonio callo sobre su delicada espalda, el maltrato jamás había sido parte de la vida de Santi, además no estaba preparado para el primero de tantos golpes que le esperaban.

Un penoso chillido escapo de Santiago, quien finalmente se quitó los interiores. Su padre volteo por un segundo para ver la figura de su hijo completamente desnudo. Su piel blanca y rosada parecía brillar en la lúgubre habitación.

Hasta ese momento Santiago no había notado el juego de aros en una de las sillas.

Don Antonio tomo cada uno de ellos y los puso en el cuerpo de Santi, uno alrededor del cuello y cuatro más en robillos y muñecas. A cada aro podía asegurársele una cadena, las manos de Santi fueron aseguradas detrás de su espalda a una corta distancia, luego sus tobillos a una distancia un poco mayor.

Santi las había visto miles de veces, sabía que debía dar pequeños pasos para caminar con ellas, pero jamás pensó que fueran tan pesadas. Con 10 kilos extras apenas podía mantenerse erguido.

papá por favor– chillo por última vez antes de que su nuevo amo le amordazara con un palo que sujeto a su cabeza con un cordón de piel.

Una última cadena sujeto a Santi del aro que rodeaba su cuello a la mano de Don Antonio, quien tomo su maletín y jalo a Santi hacia la entrada. El pequeño tuvo que caminar por los ostentosos pasillos del que había sido su hogar, hasta la puerta. Donde un amplio grupo de personas se había reunido a esperar noticias de la situación de la hacienda.

Muchos de los presentes habían soñado con ver a Santi desnudo como dios lo trajo al mundo y cuando finalmente pudieron verlo en aros y cadenas, simplemente no pudieron creer sus ojos. El precioso niño caminaba con la cabeza baja y gimiendo a cada paso.

Don Alejandro le dio la cadena a su paje y subió a su ostentoso carruaje, mientras el paje llevo a Santi a una carreta que le acomodaba.

sube a la parte de atrás– le ordeno
el paje acostumbraba azotar a los esclavos que eran transportados en la carreta, pero el caso de Santi aún era incierto. Así que no solo no lo azoto, adema solo ayudo a subir. Aseguro la cadena de su cuello a la carreta y se emprendió el camino.

El camino parecía solo parte de una creativa broma, Santi no podía creer su situación. Aun mostrar su pecho era impensable, ahora completamente desnudo y con el sol de la tarde cocinando su piel, se sentía abandonado por dios.

En el camino uno de los hombres que acompañaban a Don Antonio se separó de la compañía y tomo un camino diferente, mientras los demás apresuraron el paso. En la vieja carreta se sentía cada bache y cada piedra del camino. Santi se movía de un lado a otro, mientras su cuerpo se cocinaba con el sol. Pero el sufrimiento de su cuerpo era poco en comparación con la guerra que se libraba en su cabeza.

Simplemente no podía ser, su padre le amaba... le necesitaba... todo debe ser un engaño o un mal entendido. Su joven mente trabajaba a marchas forzadas, para tratar de solucionar su situación.

Un largo tiempo después los caballos dieron la vuelta pasando por un gran arco y unas puertas, entrando a la hacienda de los Castillo. Esta no era la primera vez que Santi atravesaba estas puertas, uno de sus mejores amigos Don Carlos, hijo menor de Don Antonio vivía en la hacienda y lo visitaba con frecuencia, ambos niños jugaban y exploraban juntos.

De pronto un intenso sentimiento de vergüenza le envolvió. Carlos y Santi jamás habían estado desnudos uno frente a otro, incluso cuando se refrescaban en los riachuelos de las haciendas, jamás mostraban más allá de los antebrazos o las rodillas.

Ahora completamente desnudo y encadenado a la parte trasera de una carreta, como un esclavo común y corriente.

Campanas tocaron a la llegada de Don Antonio. Hombres jóvenes llegaron rápidamente, Don Antonio mismo abrió la puerta de la carreta y rápidamente entro a la casa. Los hombres atendieron a los caballos, mientras la carroza era remolcada.

La carreta con Santi se quedó al centro del patio frente a la casa. Un minuto después varios miembros de la familia salieron a ver por sus propios ojos la mayor joya de la hacienda Jiménez, atado desnudo a la carreta.

Los hijos mayores de Don Antonio, Antonio II y Andrés gritaron y felicitaron a su padre, mientras Carlos con 13 años se quedó mirando impactado. Su mirada paso del asombro a la tristeza. El menor de sus hijos se vio inundado de emociones, no pudo evitar poner su cabeza contra el pecho de su madre, como lo habría hecho de niño.

Bájenlo de ahí, llévenlo al salón, el joven señor tiene una visita importante esta tarde.

Antonio y Andrés fueron gustosos hasta la carreta y a Santi, para luego llevarlo a tirones a la casa. Santi hubiese querido cubrir su sexo frente a Carlos y su madre, pero con las manos sujetas detrás de su espalda fue imposible.

Lo único que pudo hacer fue bajar la cabeza y dejar ser conducido al interior de la casa.

En el salón principal de la casa comenzó la fiesta. Había una gran rivalidad entre las haciendas de Don Santiago y Don Antonio, la contienda por cuál era la más rica y con la familia más noble. Ahora con el único hijo y heredero de Don Santiago, no había duda de quien había alcanzado la victoria.

mírenlo, ¿alguna vez pensaron verlo así?– Antonio II
es un niño, tenemos perros con miembros más grandes– dijo Andrés tocando el pequeño apéndice de Santi con su dedo.

déjenlo en paz– Carlos.
podemos hacer lo que queramos con él, ahora es un esclavo

no, déjenlo en paz
Carlos, Santiago será tu esclavo de hoy en adelante, su disciplina, educación serán tu responsabilidad. Puedes usarlo como quieras... para empezar quiero que le pongas un nombre.

pero papá
él ya no es uno de nosotros, ahora es un esclavo, no vale nada... es menos que un animal

Antonio por favor– pidió la madre de Carlos, quien veía con compasión la pequeña figura de Santiago.

este niño es un esclavo, quiero que no le quede duda de su nueva posición, si encuentro la mínima señal de compasión lo hare colgar de los muros de la hacienda para que todos lo vean al pasar

Eso hizo callar al salón.
Catalina regresa a tus actividades– Don Antonio ordeno a su esposa.

Cuando la mujer salió de la habitación, Don Antonio le ordeno a su hijo que tomara posesión de su nuevo esclavo.

Carlos vio con tristeza la figura de su amigo.
es la soga, si no lo haces– uno de sus hermanos presiono.

Santi comenzaba a entender lo que debía pasar, sabía que su vida dependía de que Carlos lo usara, lo penetrara en la habitación con la mirada vigilante de su padre y sus hermanos.

Carlos comenzó a soltar los nudos de su pantalón.

has que la coma primero, que te la ponga gorda

Carlos se paró frente a Santi, quien simplemente parecía haber perdido todo movimiento en su cuerpo.

ya sabes que hacer– le grito Antonio II a un centímetro de su oído. Santi pudo sentir la saliva del joven en su rostro. Luego le tomo el cabello y lo aventó al suelo de rodillas frente a su hermano.

trae una buena vara– ordeno Don Antonio.

Don Antonio era un hombre carente de compasión, incluso con sus hijos tenia mano dura con lo que consideraba incorrecto. Sus tres hijos habían experimentado en carne propia palizas por parte de su padre. La única diferencia es que su padre, solo les golpeaba las nalgas y en su mayoría les permitía mantener su dignidad con su vestido.

Por lo mismo cada uno de sus hijos sabía dónde encontrar las varas de su padre y fue realmente un corto tiempo antes de que Andrés regresara con una de las más feroces. Solo tenerla en la mano le recordaba el dolor que había experimentado por su culpa.

Carlos toma la vara y azota a tu esclavo
papá por favor– Carlos tenia lágrimas bajando por sus mejillas.

lo hare colgar después de que tus hermanos y toda la hacienda se haya divertido con él. Ahora azótalo

Carlos dio su primer golpe y sabía hacerlo, desde que tenía 8 años su padre le había obligado a aprender a azotar a los esclavos. Su primera víctima fue un niño de 5 años que había nacido en la hacienda, haciéndolo propiedad de Don Antonio.

Del cavernoso interior de Santi surgieron uno tras otro agudos aullidos que recorrieron los pasillos de la casa. Su cuerpo se marcó de inmediato, con líneas purpuras que crecían en volumen a cada segundo. Mientras tres hombres observaban enfermizamente interesados.

Después de maltratar al pequeño y dejarlo al borde de la conciencia, Carlos termino de desnudarse, solo lo suficiente para poder desempeñarse.

En ese momento el subconsciente de Santi se hizo cargo de su supervivencia, lastimosamente se levantó del suelo y se puso de rodillas frente a Carlos. Sin decir más tomo el miembro de su amigo en la boca y se puso a mamar como lo habría hecho con los pechos de su madre, cuando era un infante.

Aun con las manos aseguradas, tuvo que usar su lengua para sujetar el miembro de su amigo, ahora amo, quien aún inmerso en pena, comenzó a sucumbir a la húmeda, cálida y perfectamente suave cavidad.

vean lo está disfrutando

Carlos sentía mucha vergüenza, pero la realidad es que estaba salvando la vida de su amigo.

termina con esto de una vez– ordeno la voz de su padre.

El niño tomo a su amigo del hombro y le dio la vuelta, con las rodillas y el rostro sosteniendo todo su cuerpo, el trasero de Santi quedo en lo alto.

Con las piernas tan separadas como era posible, se podía ver el pequeño y rosado orificio de Santi, que por ahora permanecía intocable y virgen. Pronto todo quedaría detrás de él. Cuando de un solo golpe Carlos penetro la pequeña figura.

A diferencia de Santi, Carlos era más fuerte, más resistente, su padre, había criado a sus hijos para trabajar, mientras Santi había sido criado para dirigir. Las caderas de Carlos eran fuertes y voluminosas para un niño de su edad, mientras el cuerpo de Santi se estremecía de dolor al tiempo en que su pequeño y hermoso trasero era penetrado brutalmente.

Los agudos chillidos iniciaron de nuevo, helando la sangre de la esposa de Don Antonio, quien a varias habitaciones de distancia, podía escuchar la lastimera escena que se desenvolvía en el salón.

Don Gerardo Granados– el paje de Don Antonio se apareció de momento.
hazlo pasar

Carlos paro de inmediato, con la sangre abultada en su miembro, había poco color en sus mejillas.

Ambos chicos estaban cubiertos de sudor, cuando el secretario de la región entro al salón.

apenas puedo creer mis ojos, finalmente alguien puso a Don Santiago en su lugar

el gran tesoro de Jiménez, con el fuerte pene de los Castillo fallándole– dijo Don Antonio alzando el pecho

Los dos chicos quedaron quietos un momento.

Carlos termina con lo tuyo

pero padre

es una orden

Carlos siguió bombeando la parte trasera de Santi y la sensación era embriagadora, la calidez y suavidad del interior de Santi, era algo magnifico, como si su cuerpo hubiera sido diseñado para dar placer a los hombres.

Minutos después el movimiento se volvió frenético, hasta que los gemidos de Santi se vieron sobrepasados por los gritos de placer de Carlos. La mejor follada, habría venido de la figura menos probable.

Carlos se sintió avergonzado, lo había disfrutado.

Pero el placer pasó a ser una amarga vergüenza, cuando se vio rodeado de las miradas de los presentes.

el documento por favor

Don Antonio entrego el documento con la firma de Don Santiago.

increíble

¿algún problema?

ninguno, como padre es su derecho hacer lo que guste con su descendencia, debo admitir que el precio es una fortuna, pudo usted comprar 50 esclavos igual de atractivos que el muchacho

tal vez, pero habría entregado a dos de mis hijos para terminar con los Jiménez, como yo lo veo el precio es muy bajo

Don Gerardo entendió la naturaleza de Don Antonio, como la de una serpiente, que retrae su cuerpo, parece inofensiva hasta que tiene por seguro de que el golpe que va a atestar es lo suficiente para matar a su víctima.

Seria difícil para la alta sociedad de la región darle el lugar de esclavo a Santiago, Don Gerardo se permitió sentir compasión por el muchacho, pero ahora Don Antonio había doblado el poder que tenía horas antes. Simplemente no había manera de negar su aprobación.

Y sin más saco un pesado y gran sello de su maletín y se alisto para plasmarlo en el papel, que convertía de por vida a Santi en un esclavo. Y no cualquier esclavo, uno penal, la categoría más baja para un ser vivo. Los esclavos que firmaban un contrato de vida, tenían pocos, pero algunos derechos, adquiridos recientemente, los esclavos penales, no tenían ninguno, como bien lo dijo Don Antonio, podía colgar al muchacho de las paredes de la hacienda y nadie se interpondría.

Cuando el papel fue sellado.

si me permite, ¿cuáles son los planes para el muchacho?—

por ahora será propiedad de mi hijo, pero quiero poner a trabajar ese bonito trasero lo más pronto posible, para el final del mes cada Don de la región habrá penetrado al muchacho

Don Gerardo bajo la mirada. Era una vida temible la que le esperaba a Santiago.

Carlos aun tienes que nombrar a tu esclavo

Carlos simplemente no podía poner su cabeza en orden, la culpa aun lo tenía muy ocupado.

pues va a pasar su vida en cuatro patas, que les parece cuatro– dijo Andrés.

Don Antonio pareció esbozar una sonrisa, pero solo por un segundo.

¿cuatro?– pregunto a su hijo menor

cuatro

lleva a cuatro a tu habitación, llama al herrero y ordena un cinturón de castidad y una de las jaulas más pequeñas para tu habitación

Carlos tomo la cadena que aseguraba el cuello de Santi ahora cuatro y lo llevo en cuatro patas a su habitación, fuera de la habitación dio aviso al paje de su padre para que pasara el mensaje al herrero.

Cuatro conocía la habitación de Carlos, pero era la primera vez que entraba raspando sus rodillas en el suelo. Carlos tiro la cadena hacia una esquina, donde Cuatro se recostó sobre su costado en posición fetal.

Carlos no podía mirar a su amigo, camino hasta la ventana y se mantuvo un momento mirando hacia afuera, luego regreso la mirada y lo que vio le hizo doler el corazón. En los ojos de su amigo había terror, un terror que le helaba la sangre, aun con el abrazador calor de la temporada.

Minutos después un hombre obeso, sudoroso y con un espeso pelaje cubriendo su cuerpo entro a la habitación cargando una pequeña jaula metálica. Un joven delgado y muy pequeño para su edad entro detrás de él cargando un par de herramientas más.

¿Donde la quiere Don Carlos?—

en la esquina

El herrero hizo mover a Cuatro con la punta de su pie, para hacer espacio para la jaula, Cuatro vio con tristeza lo que sería su hogar por el resto de su vida, una jaula que apenas podría contener su cuerpo.

ponle el cinturón– ordeno el herrero a su sirviente

el joven se acercó a cuatro y lo ayudo a levantar su peso del suelo, para luego comenzar a untar sus partes blandas con grasa.

El espíritu de Santi estaba siendo golpeado una y otra vez, esperando el golpe mortal, que terminaría con su existencia, cuando Cuatro seria lo único que quedaría.

El herrero termino de montar la jaula y paso a montar el cinturón de castidad en Cuatro, el hombre tomo con sus rudas y maltratadas manos un arillo pequeño, por él que forzó los testículos y el pene de cuatro.

Cuatro gimió de dolor, mientras el delgado joven le sujetaba.

Otra parte, algo muy similar a un plato se sujetaba de la parte superior del arillo, que después se sujetaba con un candado en la parte baja. El candado colgaba entre las piernas de Cuatro, que al poco tiempo le arrebataría la piel, haciendo el caminar en dos piernas muy difícil.

La pieza de frente cubría pene y testículos en un plato de metal frio, Cuatro no tenía acceso a su pene, ni siquiera parecía poder orinar con aquello puesto.

de ahora en adelante, tienes que sentarte para orinar, como una cabra– dijo el joven.

Don Carlos, ¿quiere que le deje esto?

El herrero tenía un aparato común entre los esclavos de cómoda, una vieja y pesada tabla que tenía tres figuras muy particulares remachadas encima. Tres figuras que asemejaban penes de diferentes tamaños, el primero parecía ser del tamaño del pene de Carlos, el siguiente daba un gran paso en circunferencia, para terminar con uno demasiado grande, que solo podía encontrarse en esclavos negros.

Carlos entendía que su padre esperaba que Cuatro acomodara en su trasero a cada uno de los nobles de la región, así que se decidió por ayudar a su amigo, tanto como fuera posible, sin arriesgar su cuello con su padre.

déjalo, ahora salgan de aquí y espero que llames a la puerta la siguiente ocasión que seas requerido

si señor

El herrero salió de la habitación haciendo una pequeña reverencia.

Carlos se paró frente a Cuatro, quien se atrevió a subir la mirada, solo para encontrar un gesto medianamente cálido de Carlos.

descansa– le ordeno

Cuatro se metió en cuatro patas a su jaula. Aun con su pequeño cuerpo no podía estirarse dentro, debía permanecer en posición fetal para no tocar el frio metal de la jaula. Carlos cerró y aseguro la puerta con un candado.

Carlos puso una cara dura, como lo habían hecho cientos de veces y camino fuera de la casa y de los muros interiores de la hacienda. Fuera de la vista de los demás comenzó a correr con lágrimas bajando por sus mejillas. Hasta que llego a un gran árbol, en un lugar donde había mucha piedra para que pudiera darse una cosecha. Con el lugar desierto Carlos pudo soltar todas sus emociones como lo había hecho tantas veces.

Paso casi una hora antes de que Carlos se sintiera mejor, aún estaba muy afectado, pero por ahora podía enfrentar la situación con la idea de hacer las cosas lo menos difíciles para Santiago.

Lentamente y pensando arduamente a cada paso Carlos regreso a la casa, y se dirigió a su habitación. Estaba caminando por un suntuoso corredor.

mi padre quiere que le azotes y le folles cada noche y cada mañana como mínimo– le informo Antonio II.

además quiere que el capataz le dé la bienvenida en el patio central, mañana a la tarde

Carlos bajo la mirada, estaba muy molesto de que sus hermanos disfrutaran tanto el hacerlo sufrir.

padre está escribiendo ahora mismo invitaciones a las haciendas, para que los Dones puedan compartir el culo de tu esclavo

Había sido suficiente, Carlos se abalanzo sobre Andrés, pero en cuestión de segundos tenía el rostro contra el suelo, sometido por sus hermanos.

esta noche te voy a apalear el culo, prepárate

Carlos regreso a su habitación al borde de las lágrimas. La noche se acercaba y debía tomar todo su coraje para cumplir con las exigencias de su padre y sin duda cubrir a sus hermanos entrometidos, no le importaba mucho la paliza que le esperaba, Carlos estaba acostumbrado a recibir palizas por parte de Antonio II el único con permiso de castigarle.

El muchacho camino de lado a lado en su habitación, mientras Cuatro le miraba desde su jaula. Paso casi una hora hasta que Carlos se decidiera por advertir a su amigo.

mi padre ha ordenado que te azote y te folle cada noche y cada mañana. Y estoy seguro que mis hermanos se van a asegurar de que lo haga

Cuatro bajo la mirada, todo lo que había soñado y esperado por tanto tiempo se había perdido, lo único que quedaba era el vago deseo de sobrevivir.

lo siento de verdad, pero mañana quieren darte la bienvenida, ¿sabes lo que significa?—

Cuatro confirmó con la cabeza y claro que lo sabía, no era diferente en la hacienda de su padre, cada esclavo debía enfrentarse a los que sería su vida y lo que sucedía cada vez que no seguían las reglas o no terminaban su trabajo.

Cada uno de ellos era amarrado a un poste en el patio central, donde toda la hacienda se reunía para escuchar los alaridos de dolor de los esclavos que eran bienvenidos a la hacienda. El capataz de la hacienda azotaba al esclavo con un pesado látigo, que generalmente cercenaba la piel del esclavo y que en cada ocasión terminaba con el esclavo inconsciente.

En su solitaria celda Cuatro pensó arduamente en la muerte, sabía que el látigo tenía el poder de arrebatarle la vida y pensaba que tal vez era la mejor opción.

Carlos se entretuvo en un libro en la habitación de su madre, la hermosa y sutil mujer se ocupó en distraer a su hijo, en tratar de evitarle el tema que le arrebataba la tranquilidad a su joven vida.

La noche callo antes de darse cuenta, había cosas que debía enfrentar si quería salvar la vida de Santiago, así que armado de valor Carlos regreso a su habitación, prendió una lámpara a un costado de su cama y se desnudó de la cintura para abajo antes de tirarse al pie de su cama. Carlos se aferró a los postes a cada lado y bajo la cabeza hasta las mantas.

Esta era la primera vez que Santi veía a Carlos desnudo, pero no sería la última. Cuerpo que aprendería a satisfacer en los días siguientes.

Pasaron pocos minutos antes de que Antonio II y Andrés entraran a su habitación.

Ambos jóvenes habían estado bebiendo y la habitación pronto se colmó de olor a alcohol. Antonio tenía una pesada pala y sin más ceremonia la puso sobre el pequeño y precioso culito de su hermano. Carlos se sujetaba aún más fuerte, esperando el primer golpe.

No importaba que tan preparado estuviera, siempre el primer golpe le arrebataba un fuerte gemido, el dolor rápidamente invadió todo su cuerpo, con cada golpe Carlos aumentaba el volumen de sus gritos mientras ambos hermanos disfrutaban enormemente la manera en que su hermanito se estremecía de dolor, mientras la blanca piel de su trasero se transformaba en un rojo intenso.

Lamentablemente para los hermanos, había límites y Antonio debió detenerse después de veinte golpes, mismos que hizo contar.

Mientras Carlos absorbía el dolor Andrés fue hasta la jaula con Cuatro y lo saco a jalones, Cuatro se atraganto un par de veces por los jalones hasta que estuvo fuera de la jaula. Ambos hermanos tomaron cada extremo, sus caderas y sus hombros y lo llevaron hasta un taburete.

prepárese Don Santiago, que le vamos a follar por ambos lados

este perro ya no es un Don, es un esclavo y un esclavo penal, el fondo del barril por estos lares

En cuestión de segundos ambos hermanos estaban desnudos, Antonio II se puso grasa animal en su miembro, no para facilitarle la vida a Cuatro, por el contrario, para que no fuese doloroso empujar su miembro en un canal tan apretado.

Sin decir más ambos hermanos empalados ambos extremos al pequeño cuerpo que se trataba de sujetar del taburete, que apenas podía mantenerse en pie con las embestidas de los hermanos.

Antonio se atrevió a empujar sus dedos en la suave piel de las caderas de Santi, que aun tenían marcas de la vara que le habían dado hacia unas horas. Su piel se tornaba purpura bajo sus dedos, mientras la espalda de Cuatro se torcía de un exquisito dolor, desgastando su humanidad y drenando sus fuerzas.

Carlos quedo horrorizado de lo que estaba presenciando, sus hermanos eran unas bestias que tarde o temprano tendrían su merecido.

El cuerpo de Cuatro quedo desgastado rápidamente. Antonio por su lado había terminado de apalear a su hermano muy excitado y no tomo mucho tiempo antes de llenar las entrañas de Cuatro con su esperma. Habiendo escuchado los gemidos de placer de Antonio, Andrés dejo la garganta de Cuatro y se montó detrás de él. Con restos de la grasa y la esperma de su hermano, no le hizo las cosas más fáciles a Cuatro, quien gimió a todo pulmón cuando el otro hermano le penetro.

Antonio le tomo de los cabellos a Cuatro y le metió el pene a la boca, hasta que quedo flácido.

Santi pudo probar por primera vez el sabor de sus propias eses y de su propia sangre.

límpiame Santi, si encuentro algún resto lo vas a pagar

Andrés se tomó su tiempo y bombeo su pene dentro y fuera de Santi varias veces, cada que el pene regresaba a su cuerpo le arrebataba el aliento y le estremecía de dolor. 20 minutos más duro el frenesí del hijo medio de Don Antonio, quien sería conocido por su resistencia y virilidad.

Al terminar ambos hermanos dejaron a los muchachos en su habitación, Cuatro tirado en el suelo apenas consiente y Carlos con un renovado terror hacia sus hermanos.

Carlos ayudo a Santi a subir a la cama y lo recostó sobre su espalda, con lentitud tomo los tobillos de su amigo y los puso en sus hombros. Con tanta suavidad como se lo permitió Carlos penetro a su amigo, espero unos momentos y comenzó a moverse en su interior. Ambos muchachos estaban llorando, Santi abiertamente y Carlos silencio.

Esta sería la primera vez en la vida de Santi que alguien le hacia el amor.

Muy en su interior escondido entre el terror y el dolor, se podía encontrar un poco de placer, tal vez satisfacción. Santi jamás se sintió atraído a las mujeres y conoció a muchas, algunos muchachos habían levantado su curiosidad y solo había tenido placer que Alejandro el paje de su padre pudo brindarle.

Carlos se sintió culpable por haber disfrutado tanto el cuerpo de Santi, pero de alguna manera se vio mitigado por la respuesta de Santi en los últimos momentos, era difícil de decir, pero por un momento pareció que era Santi quien empujaba a encontrarse con Carlos y no al revés.

tienes que regresar a tu celda– le dijo Carlos en un susurro –voy a pedir que me traigan la cena y te voy a dar un poco

Santi bajo al suelo y se movió muy lentamente hasta su celda, donde se acostó rendido, del peor y más difícil día de su vida. Santi cayo rendido y se quedó dormido apenas su cabeza toco el suelo, esperando despertar de la terrible pesadilla en la que se había convertido su vida.

Esa noche Carlos durmió muy intranquilo, mientras Santi perdió la conciencia de cansancio, Carlos despertó al otro día muy exaltado, no se había atrevido a azotar a Cuatro la noche anterior y arriesgaba la vida, si uno de sus hermanos se enteraba.

Tan rápido como pudo Carlos hizo salir a Cuatro de la jaula y lo llevo hasta el taburete.

levanta el culo por favor– casi le rogo.

Cuatro no era un tonto, sabía lo arriesgado que era no cumplir con su parte, así que con fuerzas renovadas alzo las caderas y bajo el pecho ofreciéndole el culo a Carlos.

Carlos tomo un cinturón de un viejo y antiguo ropero de madera y lo doblo a la mitad. El mismo había experimentado el ardor del cinturón, pero dada la situación era el instrumento que dejaría más evidencia y que lastimaría menos a Santi.

Cuatro se tomó del taburete y recibió el primer golpe de 30 que tendría que absorber. Grito y lloro con cada uno y en varias ocasiones sucumbió ante el dolor.

Santi te lo ruego, ellos podrían entrar en cualquier momento– Cuatro podía notar el miedo en el tono de Carlos, así que se esforzó por tomar el resto de su castigo.

Con la piel de su trasero roja y tornándose morada, Carlos fue hasta su cómoda donde sus hermanos habían dejado un bote de grasa y tomo una gran porción en sus manos.

Con una mano separo las nalgas de Cuatro y aplico la grasa, aventurando sus dedos al interior del roto orificio. Que seguía morado he hinchado.

déjame follarte– pidió Carlos, antes de bajarse los pantalones y empujar su miembro adentro.

La grasa ayudaba, pero no lo suficiente para que no fuera doloroso.

Como cada mañana Carlos despertó con una erección, misma que llego al máximo al azotar a Cuatro, mientras Santi estaba muy inquieto, su cuerpo respondía a la invasión, Santi vio su erección matutina como respuesta a la penetración y sintió miedo.

Carlos termino rápidamente y ahora no se tomó la molestia de esconder el placer que experimentaba, casi un minuto de placer le hizo olvidar que era el cuerpo de su amigo el que había follado.

Carlos esperaba que sus hermanos entraran en cualquier momento, pero no sería así. Ambos jóvenes experimentaban el exceso de alcohol, temerosos por su parte de no llegar a los establos a tiempo para partir con su padre a las huertas.

Había un tema que Carlos había tenido que esconder, pero era justo advertir a Santi.

papá está organizando una cena para que los Dones te follen– Carlos bajo la mirada avergonzado de las maneras de su familia. Luego dirigió la mirada al aparato con falos de diferentes tamaños. Cuatro también la vio por un momento y regreso la mirada asustado.

yo sé que es horrible, pero es la manera de estar preparado– Carlos tomo el frasco de grasa y lo puso en el piso a un lado de la tabla.

tu sabes que tienes que hacer, vimos a Alejandro hacerlo varias veces– y era cierto, Alejandro tenía un aparato similar montado en un banquillo, cada día Alejandro se follaba así mismo sentándose en los falos en un principio era para dilatar su cuerpo y evitar una herida mayor, posteriormente lo hacía porque lo disfrutaba. Con su pene secuestrado en un cinturón de castidad, solo masajeando su próstata es que podía alcanzar un orgasmo.

Con la mirada vigilante de Carlos, Cuatro puso sus rodillas a cada lado de la tabla y luego comenzó a bajar su cuerpo.

alto, usa la grasa, será más fácil

Carlos se arrodillo detrás de su amigo y uso sus dedos para cubrir de grasa el falo más pequeño.

Muy nervioso y con sudor bajando entre sus hombros, Cuatro comenzó a bajar su cuerpo centímetro a centímetro sobre el falo más pequeño. Tomo algo de tiempo pasar la parte más gruesa por el esfínter de Cuatro, que aún se negaba a someterse.

Cuando finalmente el trasero de Cuatro descansaba sobre el suelo, el dolor seguía acosándolo, estaba llorando ayudado por la vergüenza de espectáculo que hacía de sí mismo.

Cuatro levanto la mirada, solo para encontrar los labios de Carlos contra los suyos, por un momento las cosas regresaron a ser como eran antes, ambos muchachos estaban disfrutando de un cálido momento, permitiéndose olvidar las terribles experiencias que les aguardaban.

El muchacho permaneció varios minutos acostumbrándose a la invasión de su cuerpo, podía sentir los músculos de su trasero dando de si, para acomodar la forma metálica, que había sido pulida con la suave piel de los rectos que la habían usado anteriormente.

Carlos dejo a Cuatro sobre la tabla y fue hasta su cómoda, donde había dejado parte de su comida y algo de leche, le llevo la comida a Cuatro.

Santi estaba acostumbrado a usar un juego de cubiertos de plata para ingerir sus alimentos, pero esta vez nada de eso le fue ofrecido, debía usar sus manos como un esclavo y Carlos pensó que le ayudaría a enfrentar su nueva posición.

Cuatro no había comido nada desde el desayuno del día anterior, así que dejando los modales de lado tomo la comida con sus propias manos y comió todo lo que le fue ofrecido. Carlos sabía que Santi adoraba la leche, pero sabía que la única leche que debía ingerir era la producida por los hombres ya que los esclavos tienen prohibido tomar la leche. Incluso los que se encargan de la ordeña.

será mejor que regreses a la jaula

si bien Cuatro no disfrutaba de la jaula, pero la verdad es que se sentía más seguro en ella, con Carlos resguardando las llaves, cuando menos estaba a salvo de sus hermanos.

En cuatro patas Cuatro regreso a la jaula y se sentó con las rodillas al pecho.

Carlos debía supervisar los gallineros, establos y bodegas, todo debía estar impecable, bien empacado y con números completos. Carlos había tenido la mala fortuna de estar lejos cuando uno de los supervisores encontró a un esclavo robando leche. El padre de Carlos le dio una buena paliza para luego hacer azotar brutalmente al esclavo, que aún seguía confinado en un ataúd metálico expuesto al sol.

El muchacho se apresuró a cubrir sus deberes, reviso cada establo y cada gallinero, todo parecía en orden, al tiempo en que su padre y sus hermanos regresaban de las huertas para tomar el desayuno.

 

La familia se reunió alrededor de la mesa, mientras sirvientas y esclavos traían la comida. Se podía sentir la tensión en los alrededores.

—¿dónde está tu esclavo?—

lo de