New MMSA spank logo

Vacaciones en la campiña

by Carlosborromeo

Copyright on this story text belongs at all times to the original author only, whether stated explicitly in the text or not. The original date of posting to the MMSA was: 16 Nov 2017


Vacaciones en la campiña

viene de:

Que bueno es el deporte

 

Mi madre siguió manteniendo su política de no hacer castigos corporales, salvo algunas bofetadas que me propinaba. Y como siempre me las merecía. Había días que me levantaba bien, pillaba un mosqueo de la hostia y por la tarde se me había pasado todo. Por la noche podía entrar en depresión y levantarme eufórico al día siguiente. No sabría encontrarle una explicación. Tal vez los cambios hormonales hacen mucho. ¿Seremos los adolescentes como las mujeres adultas con posibilidades de menstruación?

 

Mi madre decidió dejarnos durante las vacaciones de semana santa en la casa de mi tío Guillermo. Vive en el campo, incluso hoy en día. Es un pueblo de Andalucía, a día de hoy no tendrá más de 2000 habitantes. Su casa es la típica casa andaluza. Toda encalada. Tiene partes viejas y partes modernas que han anexado, se distinguen por diferente textura de la pared. En fin, un pueblo llamado Villamartín. Mi madre siempre tenía mucha confianza con su hermano, el mayor de todos. Por lo que nos dejó en su casa mientras aprovechó para trabajar esa semana a tope. No iba a poder atendernos.

Mi tío enseguida nos hospedó en sendas habitaciones cada uno. Mi hermana tuvo la suerte de una habitación en la parte moderna de la casa. Baño justo al lado. Mi prima, tuvo es habitación. Yo permanecí callado, me esperaba algo similar incluso mejor.

Dani, a ti te daré la que tenía mi hijo pequeño. Está más aislada.

Vale, mola. Le sonreí y le seguí por la escalera a otra zona que daba al patio.

Pertenecía a la zona antigua. Una habitación un algo más grande. Una cama antigua, cabecero de mi bisabuelo, mesita de noche de los egipcios. Armario y cuadros antediluvianos y un escritorio. Un enchufe vi.

¿Joder? ¿Qué mierda de habitación? Se me escapó. Se giró y me echó una mirada fulminante.

Dani. Esa boquita. O te la lavo con jabón.

Pero tito. Yo pensaba en algo más de puta madre como la de mi hermana. Me puso la mano sobre el hombro.

Hoy te vas a librar, pero la próxima vez que sueltes tacos. Te cruzo la cara. Advertido quedas.

Puso mi maleta sobre la cama y se dirigió a mí otra vez sobrio informándome:

Ordena tus cosas. Dentro de tres cuartos de hora comemos. Hoy sólo vamos a estar nosotros cuatro en casa.

Sus hijos ya se habían casado o vivían en otro lugar, venían eventualmente. Eso de la labor de campo no molaba mucho para ellos. Al parecer el campo ya no daba dinero para mantener una familia. Mi tía me llamó. Aún no había terminado de ordenar las cosas en el armario, pero bajé cambiado. Me puse mi atuendo favorito para todo. Mi polo de marca, mi pantalón de deporte sin nada debajo y calcetas con zapatos deportivos.

Me envió a comprar pan que se le había olvidado. Ya sabía de otros años dónde estaba la panadería. Cogí la bici que había dejado mi primo allí, que funcionaba muy bien y me acerqué a comprar el pan.

El panadero era joven, hijo del antiguo que se había jubilado. Me resultó siempre muy simpático. Ya conocía mi familia, pero a mí casi no me reconoció. Es que no pasaba mucho tiempo por aquí. Me dijo que tenía unos labios muy marcados. Que las mujeres se volverían locas conmigo. Le aseguré no pasaba por ahora de las mujeres. Me dio la barra de pan y un par de locas para mí. Hubiera asegurado que se metió a colocar la bollería en la vitrina de abajo para verme a través del cristal. Me estaría mirando el culo. Me coloqué mejor el pantalón que lo tenía un poco metido en la raja, por culpa de la bicicleta.

Cuando llegué a casa se lo dije a mis tíos.

¡Normalmente no suele dar nada gratis!

¿Por qué me lo habrá dado?

¡Le habrás gustado! Tienes un culito bonito. Dijo sonriendo mi tía.

No me ha gustado eso, tita.

Ese mariquita es un amargado. Le habrás caído bien. Dije me tío.

No me gustó. Mañana tendría que ir otra persona a la panadería. No tenía intención que alguien me mirase nada, por muchos dulces que me regalase.

 

Mi tía era un primor de mujer. Estuvo pendiente de nosotros. Mi tío, se mostró algo severo, pero era agradable y buena persona, lo sabía de otras ocasiones. Después de almorzar. Unos vieron la tele y yo pensé en conectarme a internet en mi cuarto. En mi cuarto empezaba a hacer calor. No tenía el techo aislado. ¡Esto era al mediodía! ¿Cómo sería la noche?

Cobertura de pena. Mierda. Me lo había dicho mi hermana durante la comida. Ella también echaba de menos la civilización. Quería enchufar el portátil, pero no encontré más enchufe que el de la lamparita de noche. Esta noche tenía portátil o me alumbraba. Menudo fastidio. Estuve mirando a ver si podía coger un wifi de alguien. Había uno libre sin clave. Increíble, pensé que eso ya no existía. Más increíble. Sólo un mega de velocidad. Me iba a morir. Con eso no se podían ver ni videos. Menudas vacaciones. Mejor me voy a ver la tele. Pero partidos de fútbol entre semana eran poco frecuentes. Mi tío me explicó que como se veía tan mal, se iba a ver el partido al bar. Me ofreció ir con él.

Allí estaban todos viendo la tele y hablando. Mi tío dormido. Esto era horrible, un programa de cotilleo de los que le gustaban a mi hermana y mi tía. Ya no me quedaba mucho, para suicidarme. No sé cómo iba a entretenerme durante una semana. Horror. Me fui a jugar al ajedrez con el portátil durante un par de horas. Ya me sabía todas las aperturas.

Esto era caluroso. Me puse el pantalón preferido mío, el corto sin nada debajo y me bajé a merendar. Comimos en la cocina. Mi tío me propuso que me fuera con él a hacer cosas. No me apetecía ni pizca.

Hmm. Tito, hoy estoy un poco cansado. Mañana te prometo que ayudaré encantado, si te parece bien. Y Aceptó. Eso de parecer un niño bueno y educado, tenía sus ventajas.

La tarde fue tranquila y me bajé el portátil al salón y estuve jugando un par de juegos hasta que me cansé. Eso de no tener internet, estaba resultando mortal. Mi hermana tenía móvil, pero yo, aún no. Vi la tele. Bueno pude elegir entre pocas cadenas. Ya sabéis ¡La cobertura!

Tras la cena me fui al cuarto. Aquello parecía un horno. Estaba la ventana abierta y la puerta. Mi tío me dijo que mi primo ponía la silla en la puerta, para que no se abriera mucho, por si se levantaba viento. El calor no iba a irse durante bastantes horas. Me tumbé y hasta me quité el pantalón como en mi casa, cuando estaba en mi cuarto con mucho calor. No creo que alguien fuera a subir. Y mis tíos no acostumbraban a venir en busca mía. Cómo se podía dormir aquí. Todo abierto y aun así sudaba. Sabiamente mi tía me dejó una botella de agua y un vaso en la mesita. Mujer lista, pensé. Acreedora de mi cariño.

A la mañana siguiente me desperté helado. Me enteré que durante el día podía haber más de 30 grados y por la mañana temprano bajaba hasta diez. Estaba tiritando.

Me quedé un rato en la cama tapado hasta las orejas para coger calor. Hasta que me llamó mi tía para desayunar.

 

El desayuno transcurrió sin incidentes y mi tío me pidió que fuera a hacer cosas en la granja. No se había olvidado de mí, había demorado el trabajo para hoy.

Dani. Cuando bajes te quiero peinado y aseado. Creo que ni te has lavado las manos. Que no se repita. Un poco de higiene es importante. ¿Entendido? Se daba cuenta de todo el tipo este.

Sí. Lo siento tío. Intentaré no olvidarlo, mañana. Perdóname. Intenté seguir igual de educado que ayer.

Perdonado. – Sonrió– Y cámbiate para desayunar mañana. No desayunes en pijama. Hace frío. – Tito. Ya me he cambiado. Protesté.

Entonces qué usas para dormir, si eso no es un pijama. Dijo mientras tiraba del tejido.

Nada. Así tengo menos calor en el cuarto.

Mis tíos se sorprendieron. Preguntaron a mi hermana. Esta asintió algo insegura. Porque en casa durante el verano a veces lo hacía. Y mis tíos sabían del nudismo de mi familia. Algo sorprendidos, pero no objetaron nada. Porque no andaba en cueros fuera de mi cuarto y conocían otros casos en el pueblo.

 

Me dio unas zapatillas negras cerradas, para que anduviera por la casa. Estuve estornudando. Quizás pille frío esta noche. Me puse el pantalón nada más y me calenté al sol.

Mi tio se desesperó visiblemente. Ya era casi mediodía y el sol molestaba. Me dio unos zuecos para que los usara.

Vas a limpiar el gallinero. Después ya veremos qué podemos hacer. Lo que nos dé tiempo. Me dijo ya molesto por la tardanza.

Me fui a limpiar ese lugar inmundo. Sólo el olor me echaba para atrás con el calor que hacía. Ahí estaba yo con mi pantalón corto y un rastrillo y pala intentando quitar toda la porquería de las gallinas. Peor no podía ser. Al rato llegó mi tío, justo cuando estaba haciendo una pausa.

Me cogió de la patilla y me amenazó. Y claro, yo ni corto ni perezoso ya enfadado le espeté.

No voy a limpiar esta mierda. Nunca mejor dicho, pensé.

Mi tío, no me soltó, pero estaba harto. No reaccionó, lo que me asustó aún más, lo tranquilo que estaba.

Tu madre ya me ha dicho que te gusta que te den una buena zurra. Voy a ayudarte. Amenazó.

Entonces te denuncio a la policía. Amenacé yo.

¡Aquí hay Guardia Civil! Y se notó que ya estaba bastante enfadado.

¡Pues a esos!

A tu primo, que está en el cuartel, no le va a gustar que me denuncies. Eso era cierto, pensé. Y no me acordaba que trabajaba allí.

Bájate el pantalón. Me ordenó levantando la voz.

De eso nada. Estamos gilipollas o qué. Dije furioso.

Creo que eso lo llevaba mi tío en la sangre como mi madre. Por lo que me soltó una bofetada sin terminar la frase.

Ahora! Me gritó.

Bueno, no era la primera vez que me castigaban así. Estaba un poquito asustado y estaba consiguiendo el mismo efecto que mi madre. Me intimidó el grito y un poco su cara. Y me bajé el pantalón de deporte hasta las rodillas. Se sorprendió que no tuviera nada debajo. Creo que noté un momento ese cosquilleo otra vez. Estaba pensando de tener una..... De pronto me agarró por los huevos con su mano izquierda. Me tiró de ellos para abajo al suelo, hasta que me puse de rodillas. Que dolor más grande.

¡Por favor, por favor, no voy a decir más palabrotas! Dije convencido de lo que estaba diciendo, me quejé del dolor.

Apóyate con las manos en el suelo.

Obedecí. Me puse a cuatro patas. Y él se arrodilló. Me pidió que tocara con los codos el suelo. Casi estaba tocando con la cara la porquería de las gallinas. Era totalmente repugnante. No me soltó. Y empezó a pegarme con la mano que tenía libre. Esto no era divertido, ni me excitaba, ni nada. Me dolía bastante. Más cuando cogió su correa sin soltarme. Empezó a soltarme golpes con el cinturón, que dolieron. Me soltó y emprendió los últimos golpes con más brío. Entendí que mi tío era un bruto. Quizás me dio unos quince golpes con el cinturón, aparte de los azotes con la mano. Pero al tener tan poco margen de maniobra, fue poco más fuerte que cuando me pegaba mi madre. Se levantó y yo me arrodillé y me toqué mis huevos. Todo parecía estar en su sitio. Había pasado un poco de miedo. Nada excitado, pero encendido en la cara de vergüenza. Creo que se saltaron las lágrimas, pero no lloré. Y me dolía el abdomen como cuando te dan un pelotazo en los huevos. Caminó a la puerta del gallinero lentamente.

Ahora termina el trabajo. Me dijo inflexible desde la puerta del gallinero. Pensé que con el ruido que estaba haciendo las gallinas no me oiría.

Me cago en tu puta madre. Hijo de puta. Dije flojito mientras me miraba que todo estaba bien ahí abajo. Pero me oyó. Me cogió de los pelos y me preguntó:

¿Cómo has dicho? Yo rápidamente negué todo. Pero me había escuchado, repitió la frase. Tenía un oído prodigioso. Me ordenó que me pusiera otra vez como antes. Titubeé. Me ofreció si preferiría darme un par de hostias más si no lo hacía.

Puso un pie en cada lado de mis costillas mirando hacia mis pies. Me sacó el pantalón y sacó su correa. Con las prisas por quitarme el pantalón se cayeron también mis zuecos. Ahí estaba yo ahora sin nada. Empezó a soltarme correazos. Esta vez ni se molestó en doblar la correa.

Esto sí me dolía bastante más que cuando me castigaban mis padres. Parece que recibir la correa de lado duele menos que de arriba abajo. Oooh. Qué dolor más intenso. Y si me protegía con las manos me untaba de mierda la cara. Me abrió de piernas y siguió, pegando por la zona que no solía pegar nadie y siguió. No sé, pero más de veinte o más correazos recibí. No era una zona típica y me dolía más o yo lo sentía más. Y como eran más intensos eso fue inaguantable. Yo ya estaba llorando hacía rato, porque ya me dolía de antes. Eso era infernal.

Estaba llorando y se me estaban cayendo los mocos como un niño pequeño. Me había limpiado con las manos que estaba sucias. Me había manchado la cara. Me dejó un momento para que me recuperara. Y me fui levantando poco a poco mientras me ayudó. Finalmente, mi tío suspiró.

Ven anda. Toma, suénate. Me dio un pañuelo. Cuando se acercó más a mí.

No te voy a permitir que me vuelvas a insultar, ni mentir, ni amenazar en mi casa. Y tampoco que sueltes tacos cada dos por tres.

Lo siento. De verdad. Yo no insulto a nadie. Por favor, perdóname. Dije con dificultad mientras lloraba.

¿Me lo prometes? Preguntó severo.

Yo sollozando, viéndome cómo estaba, lo prometí. Hubiera prometido cualquier cosa. Mas creyéndome sería capaz de cualquier cosa en ese momento.

Ven para acá. Me dio un abrazo de oso. Pensé que me iba a estrujar.

Dani. Creo que no te veía así desde que eras un bebé. Sucio, desnudo, llorando con mocos. Bueno, bueno, bueno. Hay cosas que nunca cambian, de pequeño eras igual de rebelde. Eso hizo sentirme más humillado.

Mi tío me abrazó otra vez y me frotó la espalda. Nos mojamos ambos con el sudor del otro. El ejercicio de la mañana le había hecho sudar y a mí el castigo. Me besó. Finalmente sonrió y me dejé abrazar otra vez. Me tranquilicé un poco.

Venga, que eres un gran chico. Vete a lavarte ahí en el abrevadero. ¡Hay jabón! Asentí sollozando. Tenía que dar una estampa horrible. Aparte de sucio, desnudo, mocoso y llorando, también el culo y la cara roja como un tomate. Si no llega a ser por mi tío que se compadeció de mí, salgo corriendo de este lugar. Y no, no había sentido excitación ni nada. Hubiera sido el colmo del bochorno para mí. Menos mal que estábamos ocultos de las miradas ajenas.

Me lavé. Pero me entraron ganas de ir al servicio. Quizás el desayuno con el café, que no estaba acostumbrado, no me había sentado bien. Les mentí cuando dije que desayunaba café en mi casa. Mi hermana mintió diciendo que era verdad para echarme una mano.

Mi tío se acercó y me trajo los zuecos y el pantalón.

Tengo que volver a la casa. Tengo que ir al servicio.

Mira. Mientras tú vas y vuelves de la casa se nos ha ido la mañana. Exageró, pero sí es cierto que me tomaba hoy las cosas con demasiada calma.

¡Vete a esa cuadra y haz lo que tengas que hacer ahí! Creo que no sólo tenía en ese momento el culo rojo, la cara más, creo que me ruborice incluso las orejas. Me negué.

Dani. Me voy a enfadar de verdad. Haz lo que te he dicho. Vete donde se ponen las cabras. Vas a estar solo. No vienen hasta las siete o más. Le rogué otra vez. Con la expresión de su cara, decidí irme corriendo al establo.

Es degradante, tener que hacer sus necesidades en cuclillas. El café me había sentado mal. Tenía un poco de diarrea, no era preocupante. Pero no tenía