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un perro rabioso

by Carlosborromeo

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Sigue de vacaciones en la campiña y ya ha cumplido los 14 años.

Un perro rabioso

Estaba en la entrada de la urbanización y saludó a su amiga que le caía muy bien.

Hola Chispita. Cómo estas. Le dijo al perro que le ponía las patas sobre la ropa y él le acariciaba.

¿Cómo se llama cuando una persona se acuesta arriba y la otra abajo en una cama?

Le preguntó a Marimar sonriendo. Ella le pareció una pregunta tonta, pero salía con su perro a sacarlo a hacer sus necesidades. Esto de sacarlo era un tedio.

Hacer el amor. Hubiera preferido decir follar, pero pensó ser más coqueta. No quería ser descarada con Dani.

¡Se llaman literas! Dijo riéndose. Ambos se rieron. ¿Qué habías pensado? Jajajaja

Me voy, que tengo que subir el pan. Cómo llevas mates? Necesitas ayuda? Ella negó en principio. Le caía bien Dani. Era divertido y complaciente y se había fijado en ella, al menos tenía esa sensación.

No, mates no. Pero si me acompañas con Chispa. ¿Me duele la muñeca, me acompañarías? Dijo mientras el perro tiraba y ella intentaba teclear algo en el móvil.

¿Quieres que te ayude ahora? Ella negó y é siguió su camino a casa.

Antes bajó un momento al trastero para coger una mochila que sabía que tenía en el sótano. Le entraron unas ganas locas de mear. Se orinó sobre una rueda de un BMW aparcado cerca de su trastero.

 

Estaban su padre y su hermana preparando para irse a la piscina. Le insistieron para que los acompañara. No le apetecía en absoluto. Su hermana lo que quería era broncearse y su padre tomar una cerveza mientras leía cualquier cosa en su Tablet. Además, sus amigos no estaban por ahí para poder jugar o charlar con ellos. Conocían sus preferencias y le dejaron en casa.

Su padre se pasó por su cuarto para ponerse el bañador y coger más pertenencias, a la vuelta al salón se paró un momento en la habitación de los hijos. La niña lo tenía todo ordenado, siempre había sido así. Daniel parecía tener una pequeña leonera. Seguía sin hacer caso.

Se acercó a Daniel y le dio un azote mientras jugaba a la Play. Interrumpió. Su padre le había dado con fuerza y le picó. Normalmente no le dolía un solo azote.

Ayyyy! Qué pasa ahora.

Dani. Te he dicho ayer, varias veces, esta mañana recoge tu cuarto.

Vale, ya lo haré. Y siguió con su partida ignorando a su padre. Juan le dio otro azote en el mismo lugar. Este le dolió bastante más.

Dejó rápidamente el mando inalámbrico de la Play y se frotó el trasero donde le dolía.

Con la mirada que le echó su padre. Decidió no tentar la suerte y pospuso la partida.

Las mujeres tienen una afición a la limpieza y los hombres una desafección. ¡Lo tuyo es extremo!

Le dejaron solo y él terminó de organizar su cuarto. Realmente era una leonera. Poco después se cansó de jugar a la Play. Se fue al cuarto de su padre donde tenía el portátil de su padre, que era más rápido que el suyo y empezó a ver páginas porno y un video porno de muestra. Se quitó el pantalón y como siempre, no tenía nada debajo. Vestido con una camiseta, se estaba pajeando. Viendo el video del portátil sobre la pequeña mesa que tenía su padre en el dormitorio. Su padre entró porque se había olvidado una gorra para el sol y ya le molestaba. Fue a por un paquete de patatas fritas en la cocina y miró a ver si ahora estaba dispuesto a bajar. Miró en su habitación y buscó en la habitación propia. Lo vio allí mismo en plena acción.

¡No sabía que te gustaban morenas! Dijo con toda la naturalidad entrando en la habitación y poniéndose cerca de él.

Dani notó como se ponía rojo por momentos. Paró el video y apagó el portátil mientras su padre pacientemente le esperaba. No parecía muy enfadado, pero le conocía. Podía aparentar una cosa completamente distinta. Se levantó y quería coger el pantalón y su padre se lo impidió. Le propinó una sonora bofetada. Le cogió del brazo y tiró de él al salón. Su erección bajó inmediatamente. Toda la sangre estaba seguramente en la cara y las orejas, pensó. Seguro que ahora podrían confundir su cara con un tomate. Siguió tapándose mientras escuchaba se movió detrás de un sillón para taparse de la mirada.

Te he prohibido coger mi portátil. Dani iba a contestar, pero su padre le mandó a callar.

Nunca hemos hablado de masturbarte en mi casa. Lo vamos a hablar ahora mismo. Y se sentó mientras su hijo permanecía de pie a unos metros de distancia. Tapándose.

No me preocupa que te hagas pajas. Lo tolero. No quiero saber detalles. No quiero verte cómo te las haces. No voy a permitir que lo hagas con mi portátil. Tienes el tuyo.

¿Puedo vestirme? Su padre negó.

Hemos hecho nudismo. No debería de importarte. A mí no me importa. Te importa que salga desnudo de la ducha y me vista en mi cuarto, estando la puerta abierta. Su hijo negó.

Pues por mí tampoco. Como si andas en casa desnudo como lo has hecho muchas veces. Incluso el año pasado.

Sin embargo, jovencito. Te expliqué unas reglas. No puedes sentarte en ningún sitio sin toalla. Y tú te has sentado en mi silla. Eso es una regla que conoces. Por eso te he castigado. Era verdad, lo recordaba.

Entonces si hubiera puesto una toalla no te importa. Preguntó molesto.

La torta fue por no poner la toalla. Ver videos pornos está prohibido para menores. Puedo ser tolerante, pero no tonto. No puedes hacerlo y punto. Y no te pases de listo.

Y si los viera en el mío.

He dicho que está prohibido coger mi portátil. Está prohibido, ver porno en internet mientras estas aquí. Y si eres reincidente, te quedarás sin portátil.

Joder Papá. Mis amigos lo hacen.

No me gusta que me replique un mocoso como tú. Recuerdo que no hace tanto te calentaba el culo. Y ahora mismo estas propio.

Te denunciaría. Dijo amenazando y algo enfadado por mencionarlo.

¡Me estas retando y me encantan los retos! Dijo con media sonrisa, que no auguraba nada bueno. Cuando su padre sonreía y estaba enfadado, había garantía de acabar mal. Sabía que si su padre se había metido entre ceja y ceja que le iba a calentar. No le iba a asustar la policía ni la quinta flota americana. Él llevaría a cabo su castigo, merecido. Su madre estaría enfadada con ellos. Y no vería a su padre durante mucho tiempo. Y en el fondo era una tontería, por buscarle la boca.

No es un reto. Es que me da vergüenza que hables como si fuera un niño pequeño.

Las reglas estaban claras y eran conocidas por ti. Te has quedado sin portátil durante una semana. Y si sigues protestando te quedas sin Play y sin tele y sin ...bueno ya me lo pensaré qué más.

Papá. No es para tanto, joder. No volveré a sentarme sin poder la toalla, te lo prometo. Se me ha olvidado. Tampoco es para tanto. Perdón. Su padre se estaba relajando, parecía que lo peor había pasado. Habían conseguido relajarse un poco y reconducir la situación a una simple privación de portátil.

Dani, eres un guarrindongo. No sé cuándo te lavaste la última vez. ¡Hueles hasta aquí! Dame tu camiseta. Ya no tenía ningún tipo de problema en dársela. Se la quitó y la lanzó, ahora estaba completamente desnudo. Aún estaba de cintura hacia abajo oculto por el respaldo del sillón. Su padre olió por la zona de sobacos y confirmó su sospecha. Se la volvió a lanzar de vuelta. Y le invitó a oler los sobacos.

Cuando antes he entrado en el cuarto olía a sobaco.

Vale, me lavaré los sobacos en el lavabo.

Bien. Pues lávate ya de paso en el bidé las partes bajas.

En el lavachocho!

Lo puedes llamar como te dé la gana. El olor a sudor si te sientas en el sofá y se pega a él. Se lo transmites y después huele el sofá. Se levantó y se fue a por su pantalón que se quedó en el dormitorio. Pasó detrás de él para dirigirse a la habitación. Daniel no se movió del sitio. Volvió y se lo dio en la mano. Su padre se sentó. Quieres olerte pantalón por si huele a pis. Y señaló sus genitales. Pues por eso quiero que te laves todos los días en el bidé. Hace calor y sudas como todos, aparte que orinas como todos. Quiero pulcritud. Los demás usamos ropa interior. Si no la usas tienes que lavar el pantalón corto todos los días.

Dani estuvo de acuerdo. Visto así. Enseguida fue a la ducha y se lavó por todo el cuerpo. Su padre se fue, no hubo apenas agua caliente y tras secarse un poco. Se echó en el suelo de la terraza a tomar el sol mientras se calentaba. Era una cosa placentera. Era parecido a cuando tomaba el sol en la piscina o playa. Notó que le daba un poco de vergüenza estar delante de su padre desnudo. Era raro porque el año pasado le daba igual. También delante de su hermana. Quizás sólo en la playa le hubiera gustado, pero no podían ir. Las cosas no volverían a ser como antes, le dijo su padre cuando anunciaron sus padres que se separarían, pero serán muy parecidas. Su padre también les explicó: Estaremos en las mismas casas y seremos las mismas personas, pero todo depende de lo que pienses. Pero no era verdad. Eran los mismos en las mismas casas, pero ahora se sentía distinto y quería y deseaba que todo fuera igual que antes.

 

Marimar estaba en la casa. Desde su cuarto estaba mirando al centro de la urbanización con su amiga. Y vio a Daniel echado sobre el suelo de la terraza varias plantas más abajo. Quizás era la última vivienda que podía verle desde ese ángulo. Ambas vieron al joven allí tomando el sol, mientras se reían. Y estuvieron hablando un rato. Hasta que intentaron tomar fotos, pero estaba demasiado lejos para poder distinguir nada con su cámara de fotos. Tenía que conseguir unos prismáticos.

 

Por la noche se encontró con Marimar

¿Si tanto te gustan los perros, porque no le dices a tu padre que te compre uno? Preguntó.

La última vez me puse pesado y me dio una hostia. Odia los perros.

Estuvieron charlando durante casi una hora y media. Hasta que volvieron a casa.

Entrando en la urbanización entró un señor calvo de mediana edad que increpó a Marimar que la había visto a veces en el garaje con su perro. Se quejó que su perro se había meado sobre su coche. Ella negó todo, pero el señor se puso muy desagradable. Le había visto varias veces, pero no relacionaba su vivienda, pero ya sabía cuál era su coche.

 

Daniel volvió a quedarse en casa y tras ducharse, hizo lo mismo que el día anterior. Poco antes de que viniera su padre y hermana, fue al wáter. Cuando le llamó su padre, se dio cuenta que tenía la puerta abierta. Contestó desde dentro del cuarto de baño, se apresuró en terminar y tiró de la cisterna. Se sirvió jabón y se iba a lavar las manos. Su padre le pidió que saliera, ya que la puerta estaba abierta y podía verle. Cuando salió desnudo del cuarto de baño con el jabón líquido blancuzco en la mano derecha. Como era su hermana se tapó con la izquierda sus genitales. Su hermana le dijo que era un guarro pervertido. Que no se ocurriera en tocarla. Su padre se acercó, vio lo que había y le soltó una bofetada.

Se llevó la mano a cara.

¿Pero qué he hecho? Dijo molesto.

Dije que soy tolerante con las pajas. Pero esto es demasiado. Te lo advertí.

Es jabón. Dijo levantando la voz. Huele. Es jabón para lavar las manos que tenemos en el lavabo. Se lo acercó a la cara a su padre.

Su padre no dudó en olerlo. No se fiaba a de su hijo. Asintió. Olía aquello a jabón común.

Qué pensabais que era. Me cago en la puta.

Semen. Dijo su hermana.

¿Y tú cómo sabes el semen tiene ese color? Dije extrañado.

Buena pregunta. Dijo su padre mientras la miró.

Lo he visto en una película porno que tenía mi amiga. Dijo después de dudar un momento.

Tú y yo vamos a hablar un rato. Y tú termina con lo que estés haciendo. Que tienes que ir a por el pan.

Su padre decidió que era hora de hablar con su hermana sobre la línea roja que no se debía de cruzar. Era cierto que tenía 17 años y faltaba poco para tener la mayoría de edad, pero tampoco era cuestión de dar rienda suelta. Juan se odiaba en ese momento. Se acaba de pillar pensando exactamente lo mismo que le había dicho su madre a su hermana hace mucho. Y se había prometido ser distinto. Se daba cuenta que tenía una hija rubita y con los ojos grises como su hermano. Habían sacado los ojos de su madre. Daba igual. Iba a volver a tener la charla de las abejitas con la hija. Pero esta vez enfocada a las labores que le esperaban si decidía ser madre y cómo podía evitarse. Seguro que lo sabía, pero pensó que vendría bien recordárselo. No quería ver truncado su futuro, un hijo se interpondría a la hora de estudiar.

 

Tras volver por el pan su padre se disculpó con él. Su hermana estaba enfadada y su padre alterado. Al rato lo intentó hablar con él.

Papá te he dicho que entiendo lo de antes. No hay problema. Aunque me ha dolido bastante. Me ha dolido más que no hayas confiado en mí. Dijo poniéndole la mano sobre la espalda. Pero no es un problema para mí. Ya sabes que yo te respeto un montón. Y le acompañó al salón. Su padre había decidido descansar un momento, antes de cocinar. Estaba empezando a sospechar. Conocía a su hijo y sabía que iba a pedirle dinero en breve. Mientras seguía escuchando. Todo esto era para preparar su petición de dinero.

Como premio podrías dejarme hacer lo que se han hecho algunos compañeros míos de clase, que esta to chulo. Su padre le miró indulgente. Podría tatuarme un signo tribal aquí en el brazo. Señaló a su brazo izquierdo. Qué te parece. Lo pagaría yo y todo. Su padre se quitó una zapatilla y se la mostró.

¿Sabes qué? Que yo te puedo tatuar esta zapatilla en tu culo gratis ahora mismo. ¿Qué te parece?

Joder. Era una pregunta. ¡Nada más! Dijo desilusionado, aunque se esperaba una cosa así. Cuando había que tomar una decisión, preguntaba qué pensaba su madre, pero aquí ni se molestó en consultar nada. Lo tenía muy claro.

Como me vengas antes de cumplir los 18 con un tatuaje. Voy al tipo que te tatuó y le pongo una demanda que tiene que cerrar el chiringuito. Y ese es el motivo por el que casi ningún tatuador se presta a esas cosas. Nada de menores dicen.

Pues mis amigos tienen uno y sus padres con una autorización se lo permitieron.

Pues yo no te voy a expedir una autorización.

Pero imagina si le pongo un papel autorizado por mi padre que me tatue lo que sea.

El sólo mira el papel y ya está. No tiene culpa de nada.

Se quedará con el papel supongo, o le hará una copia.

¿Y si la falsifico? ¿Y ya vengo con el tatuaje? El tatuador no podía saber nada. Dije con media sonrisa habiendo encontrado la solución.

Dani. Si tu vienes con un tatuaje porque has falsificado mi firma. Puedes estar seguro que no te acordarás de ese día por el tatuaje que te hiciste. Será por otra cosa. Dijo mientras golpeó con la zapatilla con fuerza sobre su regazo.

Papá. Hay que ver cómo te pones. Eres un tirano.

Daniel. No estoy bromeando. Recuérdalo. Dijo muy serio. Los niños estaban poniéndose muy complicados, pensó para sí.

 

Por la mañana Dani ideo una nota para el señor calvito que se había portado mal con su amiga.

Perdone. Le he dado un golpe a su coche. Llámeme, mi móvil es: Y le puso el número de una línea erótica. La nota se la puso en el parabrisas del BMW.

Quedó con unos amigos en la piscina y se lo pasó bomba con ellos jugando a una especie de wáter-polo.

Antes de comer llamaron a la puerta. Era el señor calvo del BMW. Le mostró la nota escrita a su padre. Reconoció la caligrafía y llama a su hijo que estaba con el portátil. Mientras viene o no, el señor le discute si ha sido su hijo o no.

¿Tú sabes algo de esto? ¡Parece como si fuera tu letra! Dani miró e hizo el además de como si estuviera escribiendo en el aire y dijo que no era suya.

Yo creo que ha sido él. ¡No bajan muchos niños al garaje solos!

Dani. Antonio, cree que tú le has puesto esto en su coche.

No lo creo, lo afirmo. Dijo insistente.

Escucha. Dime la verdad. Conozco muy bien a Antonio y no tiene ni un pelo de tonto.

¡Ni