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La conmutación

by Carlosborromeo

Copyright on this story text belongs at all times to the original author only, whether stated explicitly in the text or not. The original date of posting to the MMSA was: 11 Dec 2017


Dani esta con tu tío.

 

Nuestra madre nos reunió y nos sentamos en el salón para explicarnos lo que tenía decidido. No nos había mantenido informados sobre lo que había decidido qué hacer con su dolencia. Era frecuente que hubiera, lo que llamábamos, una reunión familiar en algún momento del mes para tratar problemas o acontecimientos importantes que nos atañen.

Niños. Dentro de dos semanas me tengo operar. Y voy a estar de reposo durante semanas. No voy a poder andar por un tiempo.

¡Mamá! Exclamé, pensando que se trataba de algo como un cáncer y no quería perder a mi madre. Me fui para ella y la abracé. Tenía cara de preocupación.

Tonto, no me va a pasar nada. Dijo mientras me acarició la cara. Es una operación simple.

Mamá, tan simple no será si tienes que tirarte semanas de reposo. Dijo mi hermana que estaba algo más al corriente que yo.

Déjame ya, Daniel, no me voy a morir por una operación de este tipo.

La dejé y preferí sentarme cerca de ella y le tomé la mano.

Me van a operar de juanetes. Ya he dicho muchas veces que me están matando.

Estaremos pendiente de ti todo el día para que no te falte de nada. Yo cocinaré cuando vuelva del instituto. Declaré con intención de ayudar.

Pues si cocinas tan bien como los últimos huevos que freíste, mejor te dedicas a la guerra. Puedes matar gente cocinando.

¿Te he dicho que estas gorda? Contesté ofendido.

¿Te he dicho que eres un gilipollas? Espetó mi hermana, molesta por el peor insulto que le podían lanzarle desde que era adolescente. Estuve a punto de llamarla zorra que es algo que también odiaba.

Callaros de una vez. Os iréis a casa de vuestros tíos. Ya he hablado con el tito Paco.

Voy a quedarme aquí hasta que te operen. Dijo categóricamente mi hermana.

Y yo. Y si hace falta me escapo del pueblo y vengo a estar contigo. Dije casi escandalizado que mi madre me quería exiliar a la otra punta de España.

Ya he pensado en eso. Podéis quedaros, pero tendréis que iros al pueblo después de la operación. Porque estaríais solos en casa durante un tiempo. Me cuidará una amiga mía en su casa.

¿No podríamos quedarnos con Papá? Preguntó mi hermana.

No. Tu padre está con un proyecto en Portugal y no puede venir para esa fecha. Hemos hablado de iros con él allí, pero hemos convenido que no sería una buena idea. Porque está todo el día fuera trabajando.

 

Nuestros tíos estaban encantados de recibirlos. Especialmente mi tía maría estaba pendiente de mí. Ambos nos teníamos una especial predilección, curiosamente había aumentado con los años. Mi tío como siempre era más distante. Ocupamos las habitaciones de costumbre.

Tuve que ir como siempre a por el pan. Era un suplicio. Ese tipo cada día me soltaba un piropo. Lo ignoraba. Le pagaba y el panadero me devolvía la vuelta y me tocaba con un dedo o dedos de manera supuestamente accidental la palma de la mano. Otras veces me tocaba la espalda, una vez me tocó el culo. Estuve con ganas de soltarle una castaña, estuve bastante enfadado conmigo por no hacerlo. Pero me superaba en peso y altura y era para pensárselo.

 

Al día siguiente mi hermana me presentó unas amigas que había hecho en el pueblo la última vez que estuvo, pensó que podía gustarme conocerlas. Una de ellas era Lucía, que ya conocía de muchos años atrás. Había mantenido varias conversaciones con ella, no me parecía nada fuera de lo común. Excepto que tenía una sonrisa contagiosa para mí. Yo creo que le había caído bien sin pretenderlo, aunque no era una atracción mutua. Ella estaba a punto de cumplir los 15 años y según me contó mi hermana, le encanté de inmediato. Ni me parecía tan guapa antes ni ahora, pero parecía algo más simpática que tiempo atrás. Y cuando estuvimos solos nos lo pasábamos muy bien hablando, la primera impresión me engañó. Estuvimos saliendo por el pueblo en pandilla durante unos días y se lo pasamos bien entre todos. También quedamos y salimos en escasas ocasiones y salimos como amigos y como no me decidía finalmente tomó ella la iniciativa y me besó una noche.

Por la noche cuando volvimos de la plaza del pueblo entre todos los amigos, llegando a casa de mis tíos nos quedamos rezagados Lucia y yo. En una zona oscura, la abracé y rápidamente tomó la iniciativa y nos besamos. Noté que se había propuesto hacerse novia a toda costa. Besarse no era un pecado y no me disgustó si ella quería. Ya tenía experiencia y quería demostrárselo a Lucia. Ya no era ese enano de 13 años, ya tenía 14 y me sentía casi adulto, me estaba empezando a salir bigote y por las patillas más pelo en la cara. Había alcanzado 1.61m y 45kg de peso. Aún podía aumentar, pero era casi un hombre. No pude evitarlo y tuve la erección esperada. Lo que no me esperaba era que Lucia no se sorprendió. Ella estaba encantada con mi aspecto, no le importaba que fueramos parecidos en estatura y peso, estaba un poco más rellenita. Lucia a los niños de su edad antes los había superado siempre en altura y los prefería más mayores, pero Daniel la igualaba. Le encantaba su piel tan clara y su pelo rubio y sus ojos marrones. Le gustaba tanto que fuera de ciudad, era algo exótico para ella, tener a un amigo o un novio que no tuviera ese acento marcado andaluz.

 

Mi tío me alentó para estudiar y me liberó parcialmente de hacer labores en la granja.

Pero tras una semana vio que los progresos eran tan pobres o ausentes que casi no existían. Entre que me estaba encariñando con Lucia. La gran parte del día estaba jugando a la Play. Jugar a la Play era una actividad que apenas podía hacer en casa con las actividades extraescolares y los deberes, pero aquí me liberé. Los estudios quedaron relegados a un segundo o tercer o vete tú a saber qué plano.

Te lo advertí. No estas esforzándote. No te voy a pegar, pero te quedarás sin Play, sin teléfono y me estoy pensando lo de dejarte salir. Hasta que acabe el mes. Así recuperarás el tiempo que has perdido holgazaneando.

Tras dos días tirado en la cama, o bien estudiando o bien viendo programas de mierda en la tele, finalmente optaba por seguir estudiando. Porque incluso lengua era más interesante de los programas del corazón. Había recuperado todo el tiempo perdido con creces. No era tonto porque cuando me gustaba una materia sacaba con facilidad un notable, simplemente me gustaba mucho más jugar. Le pedí a mi tío poderle ayudar en la granja. Se negó en apariencia.

Te he castigado con nada de Play y jugar por ahí o teléfono móvil. Hasta dentro de 18 días.

Tío. Es que me aburro.

¿Se supone que un castigo no debe ser divertido, verdad?

Agaché la cabeza, iba a decir algo, pero callé. No le hubiera gustado escuchar tacos.

Venga chico, no es para tanto. Antes he revisado contigo lo que has estudiado y los días que no has hecho nada, los has recuperado y has avanzado más de lo que deberías. Me gusta. Bien hecho. Me dio una palmada en la espalda como reconocimiento para darme ánimo. Estoy orgulloso de ti.

Sabía que mi tío no era un monstruo. Era severo, pero amigable a veces y buena persona.

Dani. Eres listo. No entiendo cómo puedes suspender. Bueno, sí lo sé. El juego te pierde, es tu faceta de niño. A tu primo Manolo le pasaba igual. (el pequeño de sus hijos)

Es que no tengo reloj y me olvido de todo.

No está bien jugar tanto. No es excusa. Yo juego a veces al dominó en el bar y no me olvido de lo que tengo que hacer.

Qué le voy hacer. Es que me lo paso tan bien. ¿Me vas a castigar por pasármelo bien?

No. Te castigaría por no cumplir con tu deber. Que es lo que he hecho. Pero yo no estoy castigándote aquí por haber suspendido asignaturas, eso te lo ventilas con tu madre. Yo voy a procurar que tu estudies lo que tienes que estudiar. Siguió limpiando.

Tito. Ya he hecho todo. Estoy por delante en el plan de estudios. Se supone que me he adelantado hasta una semana en el plan de mi madre.

Eso era verdad. Su tío se preguntó a dónde quería llegar. Él siguió con su tarea.

Si voy tan bien. Podrías levantarme el castigo. ¿No te parece?

Estoy tentado, pero no. ¡Te quedan 18 días! Le rogué de nuevo.

No pienso negociar eso. Creo que, si te dejo jugar de nuevo, vuelves a pasar de los estudios. No voy a caer en esa trampa.

Le ayudé a limpiar un poco la zona donde ordeñaban las cabras.

Tito. Cómo castigabas a mis primos. Ya son más mayores, ¿no?

Tus tres primos tienen 30, 28 y 24 años. ¿Te acuerdas como te castigué el año pasado? Asentí un poco avergonzado. Pues con la correa o con una vara que cogía de algún árbol. Depende lo que hicieran.

¿Y después?

Después, se terminaba el castigo y a otra cosa. A seguir. Si los castigué, ya no los voy a castigar por lo mismo con otra cosa, por ejemplo, sin postre. Pueden volver a la vida normal. No entiendo por qué lo preguntas.

Y si me pegaras con la vara podría jugar a la Play.

No. Porque ya lo he decidido así. Son 18 días.

Eso era aterrador casi tres semanas sin nada que hacer. Me arrodillé delante de su tío. Parecía hasta ridículo, pero no quería seguir así.

Por favor, tito. ¿No me podrías castigar con la vara o la correa? ¿Y así puedo entretenerme con algo? Es que me voy a morir de aburrimiento. Te lo juro. Y no estaba bromeando.

Eso deberías de haberlo pensado antes. No crees.

Me tiré al suelo y abracé las pantorrillas de mi tío y le rogué un rato largo y busqué argumentos de todo tipo. Estaba mortalmente aburrido. Estaría lo más cerca a suicidarme si estoy duraba tres semanas. Mi tío prometió pensárselo, durante el resto de la tarde.

 

Tras ordeñar las cabras nos aseamos, antes de cenar mis tíos tuvieron una conversación. Mi tío se lo comentó a su esposa antes que bajásemos a cenar y esta al principio no le pareció bien.

Ese niño ha sufrido mucho con la separación de sus padres.

María, que yo sepa los padres han hecho una separación bastante civilizada. No como otros. El dialogo es fluido entre ellos.

Eso da igual, los niños siempre sufren

Claro, que se sufre y cuando no se divorcian también.

Un dialogo no sustituye una familia rota. Y Dani sufrió con la incertidumbre de no saber lo que iba a pasar. Es muy sensible.

Sensible o no. Sólo tiene que hacer una cosa ahora, estudiar. Yo hubiera hecho cualquier cosa por tener la oportunidad de ...

Paco. Tú no has estudiado, tú te pusiste a trabajar. Eran otros tiempos.

Claro, era el mayor de los hermanos. Tenía que ayudar a la familia.

Nunca me ha gustado pegar a los niños. Es un niño bueno, trabajador, generoso y muy listo, tú mismo has dicho que es valiente, procura pensar antes de hacer nada. Soy incapaz de hacerle daño a Dani. Lo dejo en tus manos.

¿Acaso nuestros hijos nos han salido malos? ¿Acaso no nos quieren?

Claro, que sí, cariño. Pero siempre busco otra posibilidad. Quiero estar muy segura que no me estoy equivocando.

Y yo, pero eso nunca se sabe. Dijo mientras besó a mi tía.

Cuando aparecimos, cambiaron de conversación. La cena transcurrió sin ningún incidente y cuando estuvimos viendo la tele. Su tío sacó el tema.

Quieres que te cambie el castigo. ¿Estás seguro?

Sí, joder, lo que haga falta. Era preferible que le doliera el culo una hora, antes que aburrirse como estaba haciéndolo ahora durante tantos días. Eso me dolía mucho más.

Daniel. Estudia. Que es lo que tienes que hacer. Me ha dicho tu tío, que vas adelantado. Ya hablaré con tu tío. Si sigues así, dentro de una semana podemos hablarlo, ¿no? Dijo mirando a su marido.

No. Si voy a cambiar la longitud del castigo porque estudia bien, le debo entonces de alargar si estudia mal? María, no me parece. ¡No! Sentenció.

Yo prefiero, terminar con esto lo antes posible. Quiero mi Play y mi teléfono y salir.

Daniel, eres muy tozudo. Te equivocas. Advirtió mi tía.

Además, si te castigo y después vuelves con la Play o como se llame eso, te volvería a castigar sin Play. ¿Lo entiendes?

Claro, no soy tonto.

Bien, me has convencido. Mañana por la mañana temprano. Sospechó que me iba a escuchar todos los días y no tenía ganas de esa cantinela. Pensó que sería mejor.

¡Parece que quieres fusilarle!

Tito si me pegas no podré sentarme a estudiar después. ¿No sería mejor más tarde? Su tío suspiró y aceptó. Sería después de almorzar. Agradecí que me ahorrara 18 días sin jugar.

 

Un buen rato después de almorzar, algunos habían decidido sestear. Poco después de la siesta subió mi tío con una vara de un árbol cerca del río de un metro. No es que fuera muy gruesa, como un dedo, pero parecía muy flexible. Tragué saliva, ahora sí parecía más amenazante. En la imaginación era un simple palo sin más. Llevaba desde que acabó el almuerzo con el corazón acelerado. También noté que tenía una erección durante un buen rato. Y también las mariposas del estómago. Me saludó y se quedó de pie con la vara cerca de la puerta, cerró detrás de sí. Le devolví el saludo, pero apenas crucé mirada con él estaba nervioso en ese instante.

Vamos a empezar en un momento. Sonó muy tranquilo mientras habló. También me levanté y me puse frente a él. Eso me dio más seguridad, no era un niño asustado que estaba sentado, esperando acontecimientos. Decidí mantener la mirada, yo había pedido esto.

Te voy a decir lo que vamos a hacer. Siempre te puedes echar atrás. No hay ningún problema. Y no me lo voy a tomar a mal. Parecía como si casi prefería que no lo hiciera.

¿De acuerdo? confirmé también con la cabeza, noté un pequeño temblor en las manos, pero volví a controlar todo.

¿Seguro que es lo que quieres? Preguntó mientras ponía la mano mi hombro. Asentí de nuevo y noté como si mi miembro aumentaba otro poco.

Bien. Entonces empecemos. Ves la cómoda esa que tiene un espejo. Tiene una silla delante. Ponte detrás de la silla y apóyate en el asiento de la silla sobre el respaldo.

Sin perder tiempo fui a ello y me puse tal y como pidió sin esperar.

Si, muy bien, muy bien, espera, pero bájate el pantalón antes.

Con eso no había contado, pero lo hice. Esta vez llevaba calzoncillo, indudablemente se notaba mi erección. Se situó a mi izquierda y movió la vara. Esta soltó un pequeño silbido por el aire.

Ahora, cuando empiece no quiero manos en el culo. Te puedes tocar todo lo que quieras después. No quiero que te levantes. O tendré que empezar de nuevo. ¿Entendido? Asentí ojalá empezase ya, pensé.

Procura no moverte demasiado, porque no podré saber dónde golpeo. Si no lo veo claro, decidiré que te dejo el castigo que tienes. ¿Entendido?

No presté apenas atención, yo sólo quería terminar cuanto antes. Me miré en el espejo y me sentía raro, miró hacia abajo y noté una tienda de campaña en el calzoncillo. Estaba nervioso y me estaba empezando a arrepentir cuando escuché el sonido. Como no empezara pronto diría que no y no sé qué haría todas las tardes.

Empezó. Oí el silbido del palo. Recibí un golpe que escocía como si me hubieran mordido. Enseguida me toqué para masajearme, fue acto de reflejo.

—Manos fuera! Me recordó mi tío.

Un golpe de vara tras otro con pausas de muchos segundos entre ellas. No me dijo cuántos iba recibir y se me olvidó preguntar. Cuando recibí el primero, me sorprendió de cómo picaba aquello, solté casi un gritito. Era mucho más concentrado en un punto que la correa. No pude evitar moverme, era imposible. Siguió hasta los cinco y aquello dolía. Lo que me sorprendió es que le dolía el primero hasta el quinto, casi con la misma intensidad cuando llegó al quinto. Me dolían todos los golpes. El silbido de la vara no se me salía de la cabeza. Estaba empezando un baile entre golpe y golpe de lo que picaba. Noté que intentó colocar cada golpe